| Mar. 15 ago '06

Zona rosa electorera

"El Centro de Lima es un burdel", sentencia el sociólogo Pedro Pablo Coppa, autor de Eros Liberado: Hostales y sexualidad en la Lima de los noventa, y lamenta que las propuestas para crear una zona rosa en la capital, lanzadas hace unos días por los candidatos a la alcaldía de Lima Humberto Lay y Gino Costa, carezcan de consistencia. Ambos políticos -destaca Coppa- han anunciado que, de ser elegidos, la instalarán, pero no han especificado cómo ni dónde.

"Hasta ahora no hay ningún planteamiento concreto. ¿Acaso alguno de ellos ha hablado con las prostitutas? Ellas son las que decidirán si congregarse en un solo lugar les resulta conveniente o no. Si lo hacen fuera de Lima, podrían hasta negarse a ir", explica.

Para el experto, los beneficios de una zona rosa serían importantes para la capital, que recuperaría muchas de las calles de su Centro Histórico actualmente gobernadas por delincuentes, cafichos y prostitutas.

Sin embargo, Coppa opina que el problema va más allá. "La prostitución es originada por la pobreza, pues muchas mujeres ven en esta actividad la única posibilidad de obtener ingresos para sus hogares. Mientras exista pobreza, nada va a cambiar", reflexiona. Dada su necesidad -explica-, muchas mujeres aceptan trabajar para rufianes que las explotan, con los que las autoridades tendrán que enfrentarse.

RESPETO DE DERECHOS. Es verdad: nadie ha conversado con ellas. Lo confirma, decepcionada de ambos candidatos, Ángela Villón, presidenta de la Asociación de Trabajadoras Sexuales Miluska, Vida y Dignidad: "Siempre nos usan. Cada vez que se acercan las elecciones municipales, se vuelve a debatir el tema. Lo primero que deben hacer los candidatos es hablar directamente con nosotras y plantearnos qué van a hacer para mejorar nuestra situación", afirma.

Villón no está de acuerdo con la creación de una zona rosa. Dice que en el Perú aún no están dadas las condiciones que sí existen en los países de Europa de donde se ha importado la idea. Antes de plantear un proyecto como este, "que lo único que va a hacer es favorecer a las mafias de proxenetas" -opina-, el Estado debe reconocerles a las prostitutas su derecho al trabajo y permitirles acceder al seguro social y al sistema pensionario, así como constituir empresas.

Sin embargo, no todos piensan así. El historiador y sacerdote jesuita Armando Nieto considera que la prostitución "no es una institución que merezca ser encuadrada dentro de lo legal".

Nieto cree que una zona rosa sería perjudicial para Lima, pues llevaría a crear la falsa idea de que el meretricio es socialmente aceptado en el país.

Además -concluye-, su instalación no atacaría las reales raíces del problema: la pobreza, la crisis de la institución familiar y la mala educación.

Monseñor Luis Bambarén fue más enérgico. En su opinión, establecer una zona rosa en la capital para enfrentar la prostitución clandestina solo conduciría al vicio a nuestra sociedad.




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