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| Lun. 06 nov '06
Condenan a Saddam a muerte en la horca
(AGENCIAS / Perú.21).-
El ex presidente iraquí Saddam Hussein fue condenado a morir en la horca tras ser declarado culpable de crímenes contra la humanidad por un tribunal iraquí en Bagdad, más de tres años después de ser depuesto por una ofensiva militar de Estados Unidos.
Saddam recibió la condena por la muerte de 148 chiitas de Dujail, tras un juicio marcado por las dudas en la imparcialidad del tribunal y la naturaleza de la jurisdicción elegida para juzgar los crímenes del antiguo régimen.
Dos de los más estrechos colaboradores de Saddam Hussein también fueron condenados a la pena capital, mientras el ex vicepresidente iraquí Taha Yassin Ramadán fue sentenciado a cadena perpetua.
Mientras era conducido de regreso a su silla, con los brazos aún sujetos a la espalda, Saddam clamó: "¡Larga vida a Irak, larga vida a los iraquíes! ¡Alá es más grande que el ocupante!".
Los otros sentenciados a muerte son su hermanastro y ex jefe de los Servicios de Inteligencia iraquíes, Barzan al Tikriti, y Awad Ahmed al Bandar, ex presidente del tribunal que ordenó la ejecución de los chiitas. Tres ex responsables del partido Baas en Dujail fueron sentenciados a 15 años de prisión cada uno y un cuarto responsable local fue absuelto.
Los estatutos del tribunal, sin embargo, prevén un procedimiento de apelación, lo que podría aplazar semanas o meses la ejecución de las sentencias. Saddam sería ejecutado en 30 días desde el día en que la corte de apelación confirme la condena, si esa es la decisión que adopta.
LA MATANZA.
La muerte de 148 chiitas en Dujail, en 1982, como represalia por un intento frustrado de asesinato del entonces presidente Saddam Hussein, es una de las páginas negras de la Era Saddam. El 7 de julio de 1982, la caravana presidencial fue atacada cuando atravesaba esa aldea, situada 60 km al norte de Bagdad y poblada por chiitas.
Saddam volvía de una visita a las tropas iraquíes que combatían contra Irán, cuando recibió una lluvia de balas. Pero, gracias al blindaje, ni él ni sus adjuntos fueron alcanzados. Solo once guardaespaldas resultaron heridos.
Ese atentado fue reivindicado por el partido chiita Al Dawa, hoy dirigido por el ex primer ministro iraquí Ibrahim Yafari, figura del Irak post-Saddam. La agrupación tenía a sus dirigentes refugiados en Teherán, desde donde dictaban sus ataques contra el régimen.
El ataque había sido planeado y ejecutado por la familia Yafari. Esto fue seguido de una ola de arrestos en la zona: 148 de los habitantes -entre ellos todos los Yafari- fueron procesados en juicios sumarísimos y condenados a muerte. Saddam firmó las sentencias.
FIESTA Y DESILUSIÓN.
Al poco de conocerse la sentencia, hubo celebraciones en las ciudades sureñas, de mayoría chiita. Por el contrario, hubo protestas en provincias sunitas, especialmente en Salah El Din, cuyo centro es la ciudad de Tikrit, cuna de Saddam Hussein.
Mientras tanto, en Medio Oriente, la sentencia provocó reacciones contrapuestas, desde el alivio y el júbilo en Kuwait e Irán, a la cólera del movimiento islamista palestino Hamas.
Por su lado, Amnistía Internacional deploró la condena, y estimó que el caso estuvo "marcado por graves errores que ponen en duda la capacidad del tribunal de administrar una justicia justa". Además, la ONU pidió que se respetara el derecho a apelación del ex mandatario, mientras que la Unión Europea recordó que el bloque "se opone a la pena capital en todos los casos y circunstancias".
El ex presidente iraquí Saddam Hussein fue condenado a morir en la horca tras ser declarado culpable de crímenes contra la humanidad por un tribunal iraquí en Bagdad, más de tres años después de ser depuesto por una ofensiva militar de Estados Unidos.
Saddam recibió la condena por la muerte de 148 chiitas de Dujail, tras un juicio marcado por las dudas en la imparcialidad del tribunal y la naturaleza de la jurisdicción elegida para juzgar los crímenes del antiguo régimen.
Dos de los más estrechos colaboradores de Saddam Hussein también fueron condenados a la pena capital, mientras el ex vicepresidente iraquí Taha Yassin Ramadán fue sentenciado a cadena perpetua.
Mientras era conducido de regreso a su silla, con los brazos aún sujetos a la espalda, Saddam clamó: "¡Larga vida a Irak, larga vida a los iraquíes! ¡Alá es más grande que el ocupante!".
Los otros sentenciados a muerte son su hermanastro y ex jefe de los Servicios de Inteligencia iraquíes, Barzan al Tikriti, y Awad Ahmed al Bandar, ex presidente del tribunal que ordenó la ejecución de los chiitas. Tres ex responsables del partido Baas en Dujail fueron sentenciados a 15 años de prisión cada uno y un cuarto responsable local fue absuelto.
Los estatutos del tribunal, sin embargo, prevén un procedimiento de apelación, lo que podría aplazar semanas o meses la ejecución de las sentencias. Saddam sería ejecutado en 30 días desde el día en que la corte de apelación confirme la condena, si esa es la decisión que adopta.
LA MATANZA.
La muerte de 148 chiitas en Dujail, en 1982, como represalia por un intento frustrado de asesinato del entonces presidente Saddam Hussein, es una de las páginas negras de la Era Saddam. El 7 de julio de 1982, la caravana presidencial fue atacada cuando atravesaba esa aldea, situada 60 km al norte de Bagdad y poblada por chiitas.
Saddam volvía de una visita a las tropas iraquíes que combatían contra Irán, cuando recibió una lluvia de balas. Pero, gracias al blindaje, ni él ni sus adjuntos fueron alcanzados. Solo once guardaespaldas resultaron heridos.
Ese atentado fue reivindicado por el partido chiita Al Dawa, hoy dirigido por el ex primer ministro iraquí Ibrahim Yafari, figura del Irak post-Saddam. La agrupación tenía a sus dirigentes refugiados en Teherán, desde donde dictaban sus ataques contra el régimen.
El ataque había sido planeado y ejecutado por la familia Yafari. Esto fue seguido de una ola de arrestos en la zona: 148 de los habitantes -entre ellos todos los Yafari- fueron procesados en juicios sumarísimos y condenados a muerte. Saddam firmó las sentencias.
FIESTA Y DESILUSIÓN.
Al poco de conocerse la sentencia, hubo celebraciones en las ciudades sureñas, de mayoría chiita. Por el contrario, hubo protestas en provincias sunitas, especialmente en Salah El Din, cuyo centro es la ciudad de Tikrit, cuna de Saddam Hussein.
Mientras tanto, en Medio Oriente, la sentencia provocó reacciones contrapuestas, desde el alivio y el júbilo en Kuwait e Irán, a la cólera del movimiento islamista palestino Hamas.
Por su lado, Amnistía Internacional deploró la condena, y estimó que el caso estuvo "marcado por graves errores que ponen en duda la capacidad del tribunal de administrar una justicia justa". Además, la ONU pidió que se respetara el derecho a apelación del ex mandatario, mientras que la Unión Europea recordó que el bloque "se opone a la pena capital en todos los casos y circunstancias".
