| Dom. 18 feb '07

Uso de la palabra

Al mediodía del 15 de febrero, Gloria Vargas, la jefa de la OGA (Oficina General de Administración) del Ministerio del Interior, sintió el frío en la nuca que -según es fama- se experimenta cuando se acerca el acero.

Minutos antes, el presidente Alan García Pérez había salido ante los medios de comunicación para decir: "estoy seguro de que la ministra [del Interior, Pilar Mazzetti] va a tomar la decisión de separar a los malos funcionarios ineficientes, y a las malas comisiones de concurso y licitación que no supieron plantear la necesidad de renegociar hacia abajo el precio de los vehículos". García añadió que "el Gobierno no acepta sospechas de corrupción" y confió en que su atribulada ministra Mazzetti no se rodearía más de personas "que no entienden que el ahorro, austeridad y honestidad son aspectos prioritarios para el gobierno".

Hubo unos minutos inquietos en el cuarto piso del Ministerio del Interior en los que no se supo cómo iba a reaccionar Mazzetti ante las deconstructivas sugerencias presidenciales, que, menos mal, no incluían recomendaciones dietéticas. Mazzetti volaba en ese momento entre Chiclayo y Tumbes junto con el ministro de Defensa, Allan Wagner, y otros altos funcionarios.

Pero, poco después, Mazzetti habló en el Norte y las dudas se despejaron: "En la mañana" dijo Mazzetti ". llamé por teléfono al presidente Alan García y le dije que habíamos estado reflexionando sobre los recientes acontecimientos y le precisé que nos parecía pertinente el retiro de los funcionarios que trabajaban en la licitación, con miras a una mayor transparencia y una investigación más clara".

En Córpac, el círculo de colaboradores más cercanos de Mazzetti sintió, esta vez con toda claridad, la inminencia del fin. Funcionarios de confianza de la OGA y los asesores se reunieron en la sala de conferencias adyacente al vacío despacho de Ma-zzetti. Trataron de responder qué había pasado mientras esperaban el retorno de la ministra.

En ese lapso, en la tarde, los funcionarios explicaron a un visitante, otra vez más y en detalle, los pormenores de la licitación que había provocado la tormenta política que ahora se desencadenaba sobre ellos. Todos, esgrimiendo documentos, estudios, cartas, leyes, formularios, peritajes independientes, opiniones expertas, defendieron la propiedad y legalidad del proceso de licitación de patrulleros.

Entre ellos estaba la persona en el centro mismo de la tormenta, Gloria Vargas, compuesta y aparentemente serena, pero bajo una obvia tensión. Un día antes, el de San Valentín, había redactado una carta poniendo su cargo a disposición de Mazzetti. ¿Qué iba a suceder ahora que el presidente pedía su cabeza y, aparentemente, la ministra consentía en esa abrupta separación de anatomías? Las respuestas fueron tentativas pero con un denominador común: esperar el regreso de Pilar.

La que sí dijo que estaba decidida a hablar y defender su gestión, fue Gloria Vargas. Los demás, sentados a su lado, parecían apoyarla. Pero cuando una persona sugirió tomar una fotografía del grupo, las sillas al costado de Vargas quedaron vacías como si hubiera pasado un huracán. Ella sola brindó una sonrisa estoica a la cámara.

Mientras tanto, en el vuelo de retorno, Pilar Mazzetti casi no habló y permaneció mirando la noche a través de la ventanilla del avión. Aterrizó cerca de la media noche en Lima.

Los medios, hasta entonces, parecían dar por hecho el anuncio del premier Del Castillo en el sentido de que una renegociación del precio de los patrulleros, con la compañía ganadora, el grupo Gildemeister, estaba en curso y bajo su batuta. El Estado buscaba no salir perjudicado, había dicho Del Castillo, y se trataba de lograr "una salida beneficiosa".

El viernes 16, Gloria Vargas buscó hablar con la ministra Mazzetti. Antes de eso, sin embargo, el viceministro en funciones, Danilo Céspedes -que asumió interinamente el cargo luego de la salida con ribetes de escándalo de Dardo López-Dolz-, la llamó y la citó en su despacho.

Ahí, Céspedes le pidió, en nombre de Mazzetti, la renuncia. Estaba muy apenado, le dijo y la abrazó, pero tenía que pedirle otras dos renuncias más: la de la abogada Débora Urquieta y la de la directora de logística, Lorena Mendoza.

Una conmocionada Vargas logró verse apenas unos segundos con la ministra Mazzetti.

"Pilar me dijo solo una cosa: "Perdóname, perdóname", dice Vargas.

¿Qué pasó por la mente de Mazzetti entre el martes, cuando continuó, como lo hizo en días anteriores, defendiendo ardorosamente al equipo de funcionarios, en especial a Gloria Vargas, que llevó a cabo el proceso de adjudicaciones por el llamado "shock de inversiones"; y el viernes, cuando entregó la cabeza de esta y sus colegas a Alan García?

Un día antes, un veterano alto funcionario de Córpac intentó poner las cosas en perspectiva: "Yo he visto pasar a ocho ministros del Interior desde que estoy aquí" dice, "y para mí, los dos mejores, por inteligencia, honestidad y deseo de hacer las cosas bien, han sido Rospigliosi y Pilar Mazzetti. Pero la diferencia entre los dos es que Rospigliosi tuvo un buen equipo y Pilar nunca tuvo equipo".

Es muy posible que esa no sea la única razón, pero el hecho es que, en efecto, Mazzetti nunca tuvo un equipo. En tan corta gestión, hubo tres grupos enfrentados.

Mazzetti llevó como viceministro a Dardo López-Dolz (ver "¿Hirió el dardo a Mazzetti?" Ideelemail Nº 519), y como secretario general a Enrique Prochazka. Los constantes choques entre estos y el grupo de funcionarios de confianza que Mazzetti había llevado, como asesores y en la OGA, del ministerio de Salud, y con la propia ministra, terminaron con la salida de Prochzaka en diciembre y de López-Dolz en enero, carta pública de por medio.

Las amarguras continuaron, al parecer, su efecto corrosivo. En un artículo publicado esta semana en un diario local, López-Dolz sugirió que el problema de fondo del ministerio era uno de afectividades mal controladas. "Pienso que la priorización de elementos afectivos como elemento decisorio para la entrega de responsabilidades de gestión" fue una de las razones, escribe López-Dolz, para lo que describe como la "inmolación" de Mazzetti, "ocultando con su cuerpo justamente a la principal causante, responsable además del cuestionado acto". Se refiere a Gloria Vargas.

López-Dolz escribe también que "el tipo de auto elegido no es el más adecuado y que los precios tiren la ceja hacia arriba ya es tema claro", y añade que "Julia, la cocinera de la casa de mi madre, está allí antes de que naciera, confío absolutamente en su lealtad y buenas intenciones, pero jamás se me ocurriría encargarle que elija y me compre un auto, menos quinientos".

Lo que no dice López-Dolz es que él y su grupo de asesores, principalmente Héctor Buzaglo Bracamonte, estuvieron profundamente involucrados en el proceso de licitación del "shock de inversiones", incluyendo el de la compra de patrulleros, según documentos que tiene IDL. O sea, que se puede confiar en la lealtad de doña Julia, pero no en la veracidad de don Dardo.

Según Gloria Vargas, "la historia" de los ataques a Mazzetti, "comenzó desde que lo sacaron a Dardo". Pero la tensión y los enfrentamientos internos en el ministerio del Interior se dieron por lo menos desde octubre.

Eso complicó tremendamente una tarea administrativa que era ya extraordinariamente dificultosa. Cuando Mazzetti recibió el ministerio a comienzos de agosto, el presupuesto del sector solo se había ejecutado en un 25%. Entre agosto y diciembre hubo que ejecutar, dicen los funcionarios actuales, el 75% restante. Pero, además, surgió la inédita tarea de gastar los ciento once millones de soles del "shock de inversiones" entre octubre y diciembre del año pasado (fueron 121 millones, pero 10 de éstos se dedicaron a solventar traslados de policías).

Gloria Vargas, una funcionaria de carrera, de vida y modales modestos, que fue destacada al Interior ganando alrededor de tres mil soles mensuales, que no tiene carro propio y vive en un barrio de clase media baja, fue -desde septiembre- la encargada de administrar adecuadamente la inversión de esos millones. Además, le dieron la tarea de dirigir la administración de la Municipalidad de Chiclayo luego de los incendiarios enfrentamientos entre los alcaldes en pugna.

Vargas, que confiesa no saber ni de carros ni de armas, pero que tiene una larga experiencia administrativa, encargó a diferentes comisiones, a lo que parece, idóneas, cada una de las partes de los procesos de licitación y adjudicación, manteniendo un control cercano sobre la base de la ley de contrataciones y adquisiciones del Estado. El hecho es que, por ejemplo, la licitación de patrulleros fue específicamente avalada por Consucode en la resolución Nº 450-2006, del 14 de diciembre pasado.

Por eso, cuando salieron los primeros cuestionamientos periodísticos a esa licitación, Mazzetti defendió sin titubeos el proceso y la competencia del equipo liderado por Gloria Vargas.

Lo que no se esperó Mazzetti, la autodenominada "zanahoria" de la política, fue lo que vino después. Primero, el congresista Luis Gonzales Posada planteó públicamente la suspensión del contrato, luego de salir de Palacio de Gobierno.

Poco después, al asistir a la Comisión de Fiscalización del Congreso, Mazzetti recibió una descarga cerrada de críticas, pero las más fuertes provinieron de Javier Velásquez Quesquén, uno de los principales manejadores del Apra en el Parlamento. Los analistas, desde los inmaduros hasta los experimentados, coinciden en que es altamente improbable que Gonzales Posada y Velásquez Quesquén hayan contribuido a socavar a la ministra sin la anuencia de Palacio de Gobierno. Acto seguido, Jorge del Castillo abonó esa impresión al proponer la renegociación contractual. El mismo Del Castillo que, al hablar del "aporte minero", había defendido la virtual santidad de los contratos.

Lo que resultó al final fue que el grupo Gildemeister solo aceptó "escuchar" las propuestas del Gobierno.

Atacada desde flancos imprevistos, hasta desde los del propio régimen que integra, Mazzetti perdió los pocos reflejos que le quedaban. García no la dejó caer del todo, sino que alivió algo el maleteo al que había estado sometida. Pero parece haberle exigido cabezas como implícito precio de su permanencia.

Aislada, tensionada, Mazzetti parece haberse quebrado hacia el jueves 15 y aceptado la decapitación funcional de quienes había defendido. El hacerlo representó el último chapaleo convulsivo de quien ya se ahoga como ministra.

Porque resulta, hasta para el más lerdo, una evidencia de falta de liderazgo que después de que un congresista del partido de gobierno te cuestione, otro congresista de ese mismo partido te maletee, el primer ministro te corrija públicamente y el presidente de la República te lleve por la nariz a obligarte a eliminar a los que pocos días antes defendías, sientas que todavía puedes permanecer en el cargo. Ya no. El capitán del barco que arroja a un marino para subirse al bote salvavidas, podrá ser capitán del salvavidas, pero ya no del barco.




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