| Dom. 15 abr '07

Las tinieblas invaden el corazón de la selva

El actor y cineasta Mel Gibson es muy ambicioso en cuanto a la recreación histórica, para la que no escatima gastos millonarios en vestuarios, maquillaje y escenarios, como lo demuestran sus trabajos anteriores

Corazón valiente

y

La pasión de Cristo.

Su talento es indudable para crear interés en el espectador a través de la narración cinematográfica con unos impresionantes movimientos de cámara. Pero, como recitaba uno de los versos del poeta Arseni Tarkovski -padre del cineasta Andrei-, "algo más debe haber", ¿existe ese algo más en el cine de Gibson? Apocalypto demuestra que no.

PURO MARKETING.

Cuando se rodaba la película, nadie dejaba de mencionar que iba a ser hablada en idioma maya, y por actores desconocidos para la megaindustria norteamericana. Publicidad: Gibson está loco, qué hace, no puede ser, exclamaban algunos. Ahora, la muletilla es la excesiva violencia que presenta el filme -así también se vendió La pasión-.

Francamente,

Apocalypto

no es sino una simple historia de persecución con pretensiones místicas ambientada en la época de los mayas, en donde el idioma vernacular y los escenarios cumplen la función de adornos.

Gibson adapta un argumento genérico a un contexto demasiado curioso para él como lo es la decadencia de un imperio prehispánico en medio de la selva. Pero no ensaya ni una mirada crítica ni una relectura, desde su perspectiva de anglosajón, de su objeto de fascinación.

En

Apocalypto

también encontramos esa atracción efectista y gratuita del Gibson director por los castigos corporales y el chorro de sangre. Recordemos: el héroe de Corazón valiente acaba fileteado por rebelde, previa sesión de tortura frente a la población; al pobre Jesús de La pasión de Cristo le dedica largos minutos de martirios antes de clavarlo en la cruz; y algunos personajes de

Apocalypto

son descabezados y descorazonados en una ceremonia religiosa que Gibson enfatiza recurriendo a la subjetiva de un decapitado.

Como genérica que es la película, se cae en la vieja manía de subrayar a menudo a los buenos y a los malos recurriendo a marcados gestos faciales -en el caso de los personajes antagonistas, como esos guerreros que cazan a los habitantes de la villa- y a resaltar las bondades del protagonista.

En la segunda mitad de los ochenta, se rodó una cinta basada en una persecución en medio de la selva centroamericana. Nos referimos a la historia de ciencia ficción Depredador, dirigida por John McTiernan, con el roble de Arnold Schwarzenegger en el rol protagónico. Dura menos y es más entretenida que este Apocalypto demasiado cargado de los afanes trascendentales de un Gibson que no abandona su gusto por la sangre.




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