Qué crueldad la que se vive en
Escándalo
. La vieja maestra de una tranquila escuela británica, Bárbara Covett (Judi Dench), se obsesiona con una joven profesora, Sheba Hart (Cate Blanchet). Logra entablar amistad con ella, pero Bárbara quiere más, hasta que se le presenta la chance de arañar lo que busca al guardar silencio sobre una acusación por abuso sexual en contra de Sheba.
PERSONALIDADES.
Si la apariencia de Bárbara nos indicaba que estábamos ante una solterona amargada de moral irreprochable, la conducta que asume al conocer el hecho nos la pinta de cuerpo entero. No delata a Sheba inicialmente porque piensa que se beneficiará con ello. De esta manera se construye la figura de una madre de familia con dos hijos en busca de un crecimiento profesional en el campo de la docencia.
A primera vista, lo que ocurre entre la joven profesora y la vieja maestra parece una sencilla y fraternal historia para la revista Selecciones. Sin embargo, con el desarrollo de la historia, el comportamiento de Bar-como la llaman sus amigos- revelará serios problemas de personalidad. Incluso, una información de su pasado la pondrá en aprietos con el director de la escuela.
El director Richard Eyre no se regodea con el escándalo de la película. Se preocupa en retratar a dos seres humanos que yerran monumentalmente -Sheba y Bar son opuestas aunque están unidas por la frustración-, pero se guarda cualquier intento de discurso moral o condenatorio.
Todos estos conflictos internos, incluidos los difíciles momentos de Sheba, son presentados a través de una narración cinematográfica fría y directa -con algunos saltos al pasado- en un interesante contraste. Tal vez, esto se deba al hecho de que la película es narrada desde la perspectiva de Bar, cuya lógica se mueve entre el cálculo y el interés.
En este nivel debe reconocerse el trabajo de la señora Judi Dench en el papel de Bar. No afirmaremos que se trata de la mejor actuación de su vida, pero sí lleva a buen puerto la complicada caracterización de un personaje que se mueve entre la impenetrabilidad externa y una urgente necesidad de cariño escondida en lo más recóndito del alma. Con solo oír la narración en off de Bar que da cuenta de las anotaciones en su diario privado, basta para constatar que nos encontramos ante un ser perturbador que se guarda más de lo que cuenta; que odia, envidia, repugna y critica la felicidad de otros desde una posición supuestamente aventajada: la de una persona que sabe lo que es sufrir; pero que también construye realidades ficticias a partir de una obsesión.
Escándalo
es un buen trabajo, a pesar de algunos desequilibrios en sus momentos finales, como esa explosión emocional de Sheba ante los periodistas que, para nuestro gusto, resulta demasiado artificiosa.