Lucía Fernández transmite paz y poesía. El artista auténtico es aquel que es capaz de observar lo trascendente donde otros vemos mera cotidianeidad. Todos somos capaces de ver el mar; pocos, de descubrir estrellas en su ondular constante. A nadie le sorprende un charco, un pájaro, una piedra. Lucía Fernández ha hecho música visual con estos elementos.
PARTITURA PLÁSTICA.
"Esta muestra trata sobre la ilusión humana", nos dice la artista cuando empezamos a recorrer su exposición. Esta es su segunda individual. La primera se llamó Pequeño Libro y se expuso, hace tres años, en el Centro Cultural Ricardo Palma. Ella estudió dibujo, grabado y pintura en la Escuela de Bellas Artes.
Trayecto. está dividida en tres secciones. En Partitura vemos lienzos pintados con tinta china donde aparecen pájaros en pleno vuelo. "Aquí hablo del carácter contemplativo de la ilusión. Cuando uno sale al mundo se encuentra con pequeñas magias que hacen que uno levante la mirada y encuentre lo bello dentro del caos de la ciudad. La música, como los pájaros, toma vuelo, viaja y nos hace viajar, salir del mundo, abandonarnos a nuestras ilusiones". En estos cuadros hay música.
Dentro de Partitura tenemos Pentagrama. Allí, Fernández le da una vuelta de tuerca a lo feo y lo convierte en objeto estético, en armonía musical: los tan comunes pájaros colgados del feo cableado eléctrico limeño se convierten en las notas de un pentagrama que todos vemos, pero que pocos saben leer e interpretar.
Una ilusión es la segunda parte de la exposición. Fernández ha elaborado, con el papel platino de las cajetillas de cigarros, mil piezas de origami, mil grullas que le concederán un deseo. Debajo, una fuente-espejo. "Aquí la ilusión no se queda en la contemplación y cobra vida en el ser humano a través de la voluntad. Quiero mostrar cuán fuerte es un ser humano para hacer realidad sus sueños".
MAR DE PIEDRAS.
Fernández es de San Felipe. De su barrio le gustan los edificios y la vista que tiene desde su casa (vive en un piso 15). Sin embargo, necesita el mar. Dharma, la tercera parte de Trayecto., es la instalación que nos descubre una sensibilidad que quiere expresarse a través de la palabra, que ha encontrado en el mar un objeto de contemplación y una fuente creadora de perfección: las piedras ovaladas en las que escribe sus mensajes. Mensajes crípticos, secretos, a flor de piel. Lucía camina por las calles de Lima y deja, en una puerta anónima, una piedra escrita con la palabra "Tú". ¿Yo? No, todos.