| Jue. 31 may '07

Macondo no es de papel: Gabo lo visitó

ARACATACA, COLOMBIA (AP).- Gabriel García Márquez, por la emoción, solo alcanzó a titubear algunas palabras antes de descender del tren que lo llevó a Aracataca, el pueblo donde nació, hace 80 años y, que inspiró al Macondo que inmortalizó en su obra cumbre, Cien años de soledad.

Al ver el caos en la estación ferroviaria en la que estaba a punto de desembarcar, Gabo comentó a los amigos que lo rodeaban: "Miren esto. Luego dicen que yo inventé Macondo, que yo inventé el realismo mágico", contó Jaime Abello, cercano colaborador del novelista.

ATURDIDO PERO FELIZ.

El Nobel pareció aturdido por la bienvenida que le dieron miles de personas que se congregaron para acogerlo, y s0lo pudo abrirse paso con la ayuda de unos 20 policías y soldados que lo rodearon. Abello, director de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, que García Márquez fundó en 1994, relató que, al ver esto, los demás pasajeros le aconsejaron esperar a que se apaciguara la algarabía. El escritor les respondió: "Tranquilos, que yo controlo esto", y avanzó hacia la puerta del tren.

Después de casi un cuarto de siglo de ausencia, el escritor arribó a Aracataca -ubicado a unos 650 kilómetros al norte de Bogotá- en uno de tres vagones arrastrados por una locomotora diésel de los años 50. El tren estaba adornado con dibujos de mariposas amarillas, uno de los elementos mágicos de esa obra.

Escoltado por algunos familiares, una decena de funcionarios regionales, ministros, la reina de belleza departamental y por el compositor de vallenatos Rafael Escalona, Gabo se despojó de su célebre aversión a los eventos públicos y asumió, por casi dos horas, su papel como hijo predilecto de Aracataca. "Gabo, este es tu pueblo que te quiere, que te adora", gritaba Nancy Acosta, de 54 años, mientras veía al autor de Crónica de una muerte anunciada entre una muchedumbre que cantaba y gritaba a cada paso.

El ferrocarril condujo al Nobel desde la ciudad costera de Santa Marta, en un trayecto de 70 kilómetros bordeados de exuberantes plantaciones bananeras, que estaban dominadas -a la distancia- por una serranía nevada.

SIEMPRE DE BLANCO.

García Márquez caminó unos 100 metros entre el gentío, abordó una carroza tirada por caballos y recorrió las calles del pueblo, flanqueadas por los lugareños que coreaban su nombre. Con indumentaria blanca de los pies a la cabeza, pasó frente a la biblioteca municipal Remedios la Bella, otro personaje de Cien años de soledad, y por la que fue su casa, actualmente en remodelación. Almorzó y, luego, regresó en bus a Santa Marta.




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