¿Qué impulsó al presidente Alan García a acudir al Congreso y a autoinvitarse a la reunión de la Junta de Portavoces, donde el tema de agenda era decidir si se anulaba todo el proceso para elegir a los cuatro nuevos miembros del Tribunal Constitucional o solo la votación del pasado miércoles 13?
Hábil en el manejo político, el presidente García, con esta decisión, abrió una baraja de conjeturas, porque no es usual que un mandatario acuda a una reunión a la que únicamente tienen acceso los integrantes de la Mesa Directiva y los jefes de las bancadas, y les imponga una agenda (ver recuadro).
Algunas bancadas como la del Partido Nacionalista sostienen que su visita tiene las características de una maniobra de distracción con la que habría pretendido colocar, en las portadas de los medios, el tema del diferendo limítrofe marítimo con Chile para sacar del ojo de la tormenta un escándalo que había enlodado hasta las rodillas al Apra.
Otros analistas estiman que ha querido colocarse como el gran componedor de crisis políticas y como el salvador de un poder del Estado cuyo prestigio y credibilidad, de acuerdo con las últimas encuestas, va en picada.
NADA NUEVO.
En explicaciones que ofreció en Palacio de Gobierno, García -quien se retiró de la sesión de Junta de Portavoces del Legislativo antes de que esta diera a conocer sus acuerdos sobre la elección de integrantes del TC- señaló que "lo peor que puede ocurrir en una nación democrática es que los poderes representativos se vean zarandeados o erosionados en su credibilidad".
"No he ido solamente para hablar del diferendo con Chile, del TLC o de proyectos para la seguridad ciudadana. Cuando el jefe de Estado ve que el Parlamento está siendo remecido por la crítica, hay que contribuir a la solución", contó.
Lo que no dijo es que ya antes, el viernes 8, había anunciado que el Perú acudiría a la Corte de La Haya por la controversia marítima con Chile, que las adendas del TLC ya habían sido ampliamente informadas, y que los decretos para facilitar el trabajo de la Policía también eran agua pasada.
En todo caso, si lo que tenía que informar era muy importante, ¿por qué no pidió una reunión con la Comisión de Relaciones Exteriores (para tratar el diferendo con Chile), con la de Defensa (para ver los decretos que fortalecerían la lucha contra la delincuencia), o con la de Comercio Exterior (para ver el TLC con Estados Unidos).
EL MESÍAS.
La respuesta quizá pueda estar en la lectura que tuvo de este encuentro inusual el vocero nacionalista Juvenal Ordóñez, para quien el presidente García ha querido ponerse por encima de los problemas y mostrarse como una suerte de "mesías".
"El Apra tiene mucha responsabilidad en lo que ha ocurrido, y creo que su presencia (de García) no solamente estuvo orientada a informar de diferentes temas sino a aparecer ante la prensa como el salvador de la situación, porque muchos de los hechos ocurridos, particularmente este último (la elección para el TC), le han salpicado bastante a su partido", comentó.
Ordóñez agregó que él fue muy claro al advertirle al mandatario que la solución sería tomada solo por el Congreso, y coincidió con las apreciaciones del vocero del bloque de Unidad Nacional, Javier Bedoya de Vivanco, en el sentido de que algunos escándalos responden a pugnas dentro del Apra. "Las pugnas son evidentes, pero lo que no puede hacerse es convertir los problemas partidarios en problemas de Estado. Vamos a insistir para que el escándalo del TC se investigue a fondo", concluyó Ordóñez.