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| A las embarazadas por primera vez |
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De aquí a 52 domingos les dirán ¡feliz día, mamá! No sus hijos, pero sí sus parejas y otras personas cercanas. Mañana aún no, a pesar de que están en algún momento de los nueve meses que las preparan para ser madres.
Son muchas las cosas que han escuchado y van a escuchar, o leer o ver. La sabiduría de nuestros tiempos es múltiple, hiperactiva, atosigante. La perfección de la madre y su hijo viene empaquetada de tantas maneras: consejos bienintencionados de amigas y familiares; charlas de psicólogos y médicos; libros, DVD, series de TV. El último examen para determinar lo bueno, lo lindo, lo malo, lo feo; la más novedosa de las meditaciones; el más original de los partos; la más completa de las alimentaciones; el ajuar más idóneo.
No tomen esas cosas demasiado en serio. El embarazo está hecho para incubar una vida y anudar dos organismos, en un adentro que no admite mucho de fuera. Pero, para mirar alrededor, habrá tiempo más adelante.
El latido de sus corazones marca el ritmo de la vida que comienza sin saberlo, sin quererlo, sostenida por un líquido y alimentada por una red. Una mano, muy pequeña, que se cierra y se abre, sigue la música orgánica, acoplándose al delicado ballet que nadie puede ver todavía.
Solo ustedes lo sienten. Solo ustedes perciben el concierto del cual son anfiteatro, orquesta, director y solista, además de público. Solo ustedes aprenden a lidiar con esa misteriosa combinación de partitura e improvisación que producen y aprecian, en secreto, opaca a la mirada impaciente de los otros, que esperan y que, quizá, por sentirse ajenos, hablan tanto y dan tantas respuestas.
No piensen en el futuro más de la cuenta, no más allá del deseo que todo salga bien. Dejen los detalles, los nidos, los colegios, las universidades, la felicidad con "F" mayúscula.
Sientan la prosodia, ese ritmo y esa melodía, que se gesta y anticipa el lenguaje del amor, la intimidad, la complicidad, la comunicación, el placer de proteger, el triunfo de la vida y la ternura de ser uno y comenzar a ser dos.
La opacidad del embarazo, el misterio, la incertidumbre, la curiosidad, la anticipación, la impaciencia, no necesitan de una avalancha de respuestas y un empacho de información. Lo que significan es que hay momentos de espera, en los que uno se debe dejar llevar por una música sin palabras que prepara la palabra y el lenguaje que, a su vez, permitirán hacer buenas preguntas y dar buenas respuestas, más adelante.
Aceptar con fe la opacidad, el misterio, la incertidumbre, la curiosidad, la anticipación, la impaciencia y la adivinanza, es algo muy importante: es la victoria del amor sobre el miedo. Y la victoria de aquella sobre este es la fortaleza de la vida. ¡Un feliz día de la madre de aquí a 52 domingos!
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