El terremoto de ayer -el mayor de las últimas décadas en el Perú-, y las más de cien réplicas que se dejaban sentir en diversas regiones del país hasta el cierre de esta edición -realizada en el piso seis de un edificio antiguo del centro de Lima, en medio de un bamboleo constante-, nos recuerda la naturaleza del país en el que vivimos y la necesidad de aprender a convivir con él.
La desgracia principal estuvo en varias provincias de Ica, donde se contabilizó, hasta la medianoche, unas cincuenta muertes y 350 heridos. La situación ahí era, según los últimos reportes, caótica en gran parte por el colapso del sistema hospitalario ante el elevado número de personas que requerían atención.
Ahí debe ir la ayuda con urgencia, al igual que en todas las otras zonas del país que lo requieran, incluyendo la asistencia médica y otros servicios básicos para quienes se encuentran en este momento en la precariedad como consecuencia del sismo, tal como lo ha anunciado el gobierno.
Este tuvo una reacción rápida ayer que incluyó un oportuno mensaje del propio presidente Alan García con el fin de dar a conocer la magnitud y extensión del desastre y, sobre todo, para darle tranquilidad al país en un momento en que este lo requería por el pánico que usualmente deja un terremoto.
Vivimos en un territorio complicado, por su geografía y, también, porque está expuesto a desastres naturales de diversa índole. Los terremotos son unos de ellos pero, como lo recuerda el ingeniero Julio Kuroiwa -uno de los principales sismólogos del mundo-, hay otros cuyo impacto es más frecuente y dañino, como los de origen climático principalmente por el Fenómeno de El Niño así como por el friaje que casi siempre nos agarra desprevenidos.
Este es el momento, por tanto, de la solidaridad de todos para actuar con rapidez con el fin de atender a los damnificados por el terremoto de ayer, pero también para reconocer la relevancia que debe tener, en el presupuesto nacional y en la acción gubernamental, la tarea de estar preparados para los desastres. Sin duda, una tarea de todos.