| Lun. 27 ago '07

La gran Grace Paley

Los párrafos iniciales de este relato llamado Deseos (en la colección Enormes cambios en el último minuto) de Grace Paley, muestran el tono vital de los personajes de esta magnífica cuentista norteamericana. La mayor parte de ellos son mujeres solas, muchas veces abandonadas, que perciben el mundo como un caos cotidiano. Las narradoras de Paley registran hechos mínimos con una enorme intensidad, tiñéndolos de un dramatismo irónico. En otro de los relatos, Fe en un árbol, tomado del mismo libro (en la edición de Anagrama, con traducción de J.M. Álvarez Flores y Angela Pérez), la protagonista se sube a un árbol para observar lo que pasa en un parque. Cualquier escenario es dramático y tierno, si uno lo mira el tiempo suficiente, podría ser una de las premisas de Paley. La ironía y la rabia son puntos de partida de sus situaciones. "Un joven dijo que quería irse a la cama con Alexandra porque ella tenía una mentalidad interesante", dice en el inicio de uno de sus cuentos. En otro, "cuando fui al parque por la tarde, me encontré a once madres solteras que viven de la asistencia social. Solo cuatro eran putas. Las otras eran solteras por principio, o porque algún mierda las había dejado en la estacada".

Grace Paley murió el viernes pasado en Nueva York a los ochenta y cuatro años. Hasta el final, los vecinos de su barrio la podían ver en marchas, cargando sus carteles, en contra de la guerra de Irak, como hace muchos años marchó en contra de la de Vietnam. Nos quedamos con sus mujeres y con sus apuntes sobre la soledad y sus absurdos, sus crónicas de las derrotas cotidianas, que seguirán siendo reverenciadas por unos cuantos lectores, en todo el mundo.




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