La mayoría piensa que los policías son deshonestos y que hacen poco o nada para combatir el crimen, según la encuesta que difundió ayer el Instituto de Opinión Pública de la Pontificia Universidad Católica del Perú.
Existen, como todos sabemos, razones válidas para pensar de ese modo en un contexto en que la falta de seguridad es creciente y en que se percibe que los responsables de prevenir y combatir a la delincuencia no están haciendo bien su trabajo.
Dicho sentimiento deja de lado el hecho de que no todos los policías son corruptos o ineficientes. Existen muchos casos de entrega abnegada de los integrantes de la institución cuyo sacrificio por la sociedad se ve opacado por las irregularidades de varios de sus compañeros.
El problema no radica en el policía sino en que su estructura institucional crea las condiciones para que este no pueda desempeñar adecuadamente su función. A pesar de ello, abundan los policías valerosos que entregan hasta su vida en el cumplimiento del deber.
El policía es, para empezar, un servidor público mal pagado, mal vestido, mal tratado. No se le ofrece las condiciones básicas para que pueda cumplir su papel, lo cual afecta la posibilidad de que se desempeñe con honestidad y eficiencia. Por ello, me pregunto lo que debe sentir un policía honesto cuando se entera del poco cuidado que se tiene en el uso de los recursos escasos del sector.
La mala imagen de la Policía tiene un fundamento en la realidad, pero la explicación de este fenómeno radica en la falta de una estructura que promueva su buen desempeño.
Por ello, lo que se necesita, desde hace mucho tiempo, es la reforma de fondo de dicha estructura. Lo sorprendente es que esta no se emprenda a pesar de que constituye un antiguo clamor nacional que se expresa en el hecho de que la seguridad es percibida por la población como uno de los principales problemas del país.
En el día de la Policía, el mejor homenaje que se les puede hacer a sus integrantes honestos es reformar la institución para que esta produzca orgullo entre sus miembros y en la sociedad.