| Jue. 06 sep '07

Lo que está hoy en juego

Después de que

Perú.21

publicó las pruebas contundentes de que Tula Benites contrató irregularmente a un empleado fantasma, me pregunté varias veces si valía la pena profundizar en las andanzas de una congresista del montón que nadie conocía antes del escándalo.

Decidimos continuar obviamente no por su trascendencia irrelevante, sino por quienes están detrás de ella. Desde el presidente Alan García -que apenas revelada la denuncia la defendió en público-, el boicot del congresista José Carrasco Távara para que no se resolviera el caso, el apoyo del vocal y ex presidente de la Corte Suprema Walter

Vásquez Vejarano, hasta la defensa bochornosa de varios de sus compañeros, ya han pasado más de tres meses sin que se vote la sanción.

En el camino, los periodistas de este diario hemos sido denunciados por Benites, se nos ha inventado razones subalternas para la investigación periodística, se nos ha hecho un reglaje reconocido por el propio Vásquez Vejarano, y se ha encargado a colegas que, en dicho contexto, se nos agravie para mellar la credibilidad de la denuncia.

El tratamiento a Benites significa un doble estándar en relación con la suerte de congresistas de otras bancadas -como Elsa Canchaya y Walter Menchola- que fueron sancionados inmediatamente por hechos parecidos.

No todos los apristas han tenido el mismo comportamiento grotesco. Por ejemplo, la ex presidenta del Congreso, Mercedes Cabanillas, y su reemplazante Luis Gonzales Posada, quienes corren el riesgo de quedar desairados por su propio partido en la votación del pleno que hoy decidirá la sanción a Benites.

Pero lo que más nos intriga de este caso es el respaldo tan sólido que en los ámbitos político y judicial posee una congresista insignificante como Benites. ¿Tantos favores cruzados hay en juego alrededor de ella, que estarían dispuestos a salvarla a costa de manchar al Apra, al gobierno y al Congreso?

Hoy los apristas tienen la oportunidad de votar con decencia o de demostrar que la campaña anticorrupción que ahora anuncia el presidente García no es más que una pantomima.




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