| Dom. 09 sep '07

Tremendo juez

El acercamiento voluntario que realizó a este diario un empleado fantasma del Congreso con el fin, como es ahora evidente, de que la parlamentaria aprista Tula Benites le pagara un dinero, está permitiendo delinear un mosaico revelador de la podredumbre en que suele operar la política peruana.

Juan Carlos Cuadros Noriega tomó contacto con

Perú.21

-luego de que lo había intentado con otro diario que no le hizo caso- para contarnos el entuerto de su contratación ilícita en la oficina de Benites. Una vez terminado el reportaje, insistimos en la necesidad de publicarlo junto con la versión de la congresista, pero durante los tres días que la llamamos, ella se hizo negar.

Finalmente, el miércoles 30 de mayo, Benites y Cuadros, además de un asesor de imagen del Poder Judicial, llamaron a esta redacción para informarnos de que ya habían llegado a un entendimiento para que el fantasma empezara a trabajar con la parlamentaria. Y que, por tanto, ya no era necesario publicar el reportaje.

Al ser obvia la intención de Cuadros de usarnos como cobradores de Benites, y del enjuague que habían negociado, optamos por publicar la investigación preparada diligentemente por el redactor Carlos Castillo.

Desde entonces, Benites ha contado con el respaldo de su partido, de varios miembros del Ejecutivo, del fujimorismo -a través de Rolando Sousa, el abogado del extraditable-, y de su tío, el vocal supremo Walter Vásquez Vejarano, quien está tratando de poner el pecho cuando, como es obvio, con él no es la cosa, salvo que, como empieza a producir sospecha su entusiasmo en el asunto, él sí esté metido en la colada.

Este tremendo juez nos reiteró ayer sus amenazas en una entrevista complaciente en nada menos que Radio Nacional, las que se suman a las denuncias que nos han puesto él y su sobrina Tula en las Comisarías de Santiago de Chuco y San Isidro por supuesto acoso, además de inventar motivos subalternos de la investigación que ha revelado un chanchullo innegable que la justicia debe finalmente sancionar.

No nos van a amedrentar. Se trata de un asunto de decencia.




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