| Lun. 24 sep '07

El fenómeno King

Stephen King cumple sesenta años, lo que no es mucho en la época de los gimnasios, las pastillas y la cirugía plástica. Ha escrito cuarenta novelas, decenas de cuentos, una interesante memoria como escritor (On writing) y algunos guiones de cine. Es un caso polémico. es leído pero no admirado. Es popular pero no prestigioso. Es millonario pero descartado como literatura de baja densidad. Cuando le dieron el National Book Award, Harold Bloom dijo que en la obra de King no había ni siquiera "una pizca" de valor literario. Como dándole la razón, King ha definido una novela suya con una metáfora odiosa: "Es una big mac con papas fritas".

Y, sin embargo, de algún modo, todos lo hemos leído y recordamos aspectos de su vida. Profesor de colegio, vivía en un trailer, hasta que un viernes por la tarde recibió una llamada de una editorial que estaba dispuesta a pagarle doscientos mil dólares por su primera novela, Carrie. Desde entonces, no ha dejado de escribir y de publicar, a veces tres libros en un año.

En On writing, su ensayo biográfico, describe su trabajo durante los proyectos largos (cuatro meses para la primera versión y, el resto de tiempo, en revisiones y reescrituras).

No sé si reescribe demasiado. Lo mejor que puede decirse de King es que es entretenido. Lo peor, que es formalmente descuidado. Su escritura es fluida pero llena de asperezas. Es un contador de historias pero no un estilista. Por si fuera poco, uno se siente manipulado siempre por sus artimañas argumentales (trucos y sorpresas que resultan demasiado obvias. En el peor King, el terror no tiene suspenso, es decir, no tiene un desarrollo humano. Es una pura manipulación de la historia.

Si embargo, con todas esas atingencias muy visibles, podemos disfrutar de libros como Misery, y especialmente con la novela corta Muerde la bala. Su último libro, Liseys story, alabado por muchos, en cambio, se me quedó a medio camino, precisamente por los saltos, las incoherencias y las asperezas del estilo.

No tengo nada en contra de la manipulación. Los mejores escritores de la historia (de Homero a Joyce) la han usado. Pero, en ellos parece natural de la historia. En King se nota que es artificial y premeditada. Y aun así, los lectores no lo podemos obviar. Tal vez no lo respetemos, pero le agradecemos algunos momentos. Un contador de historias no se encuentra en cada esquina.




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