El TLC se acerca pero la competitividad aún está lejana
La votación de ayer en el Comité de Medios y Arbitrios de la Cámara de Representantes de Estados Unidos constituye, por su contundencia, una señal inequívoca de la inminencia de la ratificación del TLC con el Perú.
Es una magnífica noticia por las razones ya expuestas varias veces en esta columna. E hizo muy bien el presidente Alan García al reconocer, por fin, el papel jugado en el proceso por su antecesor, Alejandro Toledo.
El TLC permitirá acceder a productos en mejores condiciones, expandirá el horizonte exportador, atraerá inversiones, y contribuirá al crecimiento y, por tanto, al empleo. No debe olvidarse, sin embargo, que algunos sectores quedarán más vulnerables, por lo que se debe aplicar los planes compensatorios ya ofrecidos.
Pero es probable que el principal beneficio del TLC sea la fijación de normas estables que son indispensable para las decisiones empresariales en un país que antes ha demostrado una alta volatilidad en las mismas.
Sin embargo, el entusiasmo del gobierno por la votación no debe hacerlo olvidar la enorme tarea pendiente para maximizar los beneficios potenciales del TLC.
En este sentido, se debe seguir buscando tratados similares con otros países y regiones. Al respecto, el comentario del Presidente de querer negociar individualmente con la Unión Europea es una expresión de buena intención pero, por el momento, esto es poco viable. Las diferencias con Bolivia serán un obstáculo complejo.
También es relevante la agenda interna aún pendiente para reformar sectores clave como la educación, salud, seguridad, justicia y organización del Estado, en donde los avances son claramente insuficientes.
Esto debe ir acompañado de medidas para mejorar la competitividad de la economía. Porque junto con la votación en el Capitolio, ayer se conoció que, a pesar de que el Perú sigue mejorando, su ubicación en el ranking internacional de la competitividad cayó ocho puestos, llegando al número 86. Chile, un país que el gobierno ha señalado que podríamos alcanzar en seis años -creyendo, ingenuamente, que en ese lapso este permanecerá inmóvil- se ubica en el puesto 26. La distancia es obvia y grande.
En el momento actual hay, como se ve, motivos fundados para celebrar, pero también para no bajar la guardia.