| Mar. 06 nov '07

La palabra del mudo

Fortalezas y debilidades en la aprobación del alcalde.

Luis Castañeda Lossio es la autoridad del país con la aprobación más espectacular, y las encuestas lo proyectan como el político con mejor potencial en la elección del año 2011. Pero, ya sabemos, el camino de la siempre errática política peruana está lleno de sorpresas, y puede pulverizar incluso las popularidades más sólidas.

La aprobación en Lima al desempeño de Castañeda como alcalde de Lima Metropolitana se mueve alrededor del 80%, un indicador valioso en un país que suele devorar a los políticos una vez que ocupan una función pública. En ello han influido, sin duda, las obras que ha emprendido, las cuales son apreciadas por la población, no obstante lo controversial que resultan algunas de ellas, como las piletas del Parque de la Reserva.

Y cuando se interroga a los peruanos, esta vez a nivel nacional, sobre su perspectiva electoral, Castañeda aparece -según Ipsos-Apoyo- como el principal candidato presidencial, con un 18% que definitivamente votaría por él y un 37% que podría hacer lo mismo.

Lo relevante en su caso es que no solo recoge intención de voto de la población de Lima sino, también, del norte del país debido a su origen chiclayano.

Pero tan sorprendente como su alta y sostenida aprobación es que la haya conseguido prácticamente con la boca cerrada. Si algo caracteriza su actuación pública es, precisamente, lo poco pública de la misma.

Él se guarda para las inauguraciones y delega el manejo de los problemas en el teniente alcalde Marco Parra. Al mismo tiempo, se ha preocupado, estratégicamente, de establecer una relación cercana con el presidente Alan García con el fin de asegurar el respaldo del Gobierno Central a su gestión.

Hasta el momento, como es obvio, le va bien, si esto significa salir bien parado en las encuestas. Pero la distancia con la población que produce su escasa voluntad de dar la cara, y de construir una relación sólida de empatía con el ciudadano -y potencial elector- puede convertirse en bumerán cuando surgen problemas.

Dos son los más notorios en el momento actual. Uno es el dolor de cabeza de las revisiones técnicas. El otro, el obvio descuido municipal respecto a la seguridad en los centros comerciales de la capital.




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