El Gobierno puede estar cayendo en el error de reaccionar con exageración ante la jornada nacional de lucha convocada para mañana por la CGTP.
La respuesta gubernamental ha incluido declaraciones del presidente, ministros y parlamentarios apristas que han repetido el estribillo de rigor en estos casos: el país no puede parar. Otro argumento en contra de la movilización es que su naturaleza es política. Pero, ¿cuál otra podría tener una acción de este tipo?
No solo eso. El oficialismo también ha organizado para hoy una contramarcha en defensa de la democracia a través de la CTP, su central sindical, como si el régimen político fuera a estar en peligro por la movilización de una central tan debilitada como la CGTP.
Protestas de este tipo son normales en toda democracia, especialmente en una como la nuestra en la que todavía hay más de un problemilla sin resolver.
Por ejemplo, la evolución de las remuneraciones. La revista Semana Económica ha concluido en un reportaje reciente que estas no están aumentando de manera sustantiva en gran parte porque la discusión sobre la productividad laboral no tiene todavía un sitio en la agenda gubernamental ni se están aplicando acciones para generar empleo decente, es decir, en planilla y con beneficios sociales.
En este contexto, al contrario de lo que cree el gobierno, este tipo de manifestaciones -si se conducen con orden y sin afectar a los ciudadanos, ni a la propiedad pública y privada, como es indispensable que ocurra mañana- pueden servir como válvula de escape de las tensiones sociales.
Al respecto, es obvio, también, que el sindicalismo peruano necesita, con urgencia, empezando por la CGTP, una agenda moderna que apunte en la dirección de mejorar la productividad laboral y, en consecuencia, las remuneraciones, y no la que exhibe tradicionalmente, la cual no pasa de la grita callejera de siempre.
A su vez, el gobierno requiere menos arrogancia y aceptar que estas protestas son usuales en una democracia, del mismo modo como Alan García participó, en el año 2004, en la marcha de la CGTP contra el entonces presidente Alejandro Toledo, el TLC y la política económica.