El 2 de agosto del próximo año 2008 se cumplirán diez años -sí, una década enterita- desde aquel triste domingo del incendio.
En ese momento el alcalde parlanchín prometió, frente a cámaras y con el teatro ardiendo tras de sí, que en solo un año el Municipal estaría reconstruido. Luego resultó que no había pagado el seguro contra incendios. Entonces se le ocurrió la faraónica idea de no solo reconstruir el teatro quemado sino, más bien, aprovechar tan excelente ocasión para gastar dinero realizando una remodelación de toda la zona. Llamaron a un concurso arquitectónico para este fin que tuvo pésima suerte (tres o cuatro ganadores jugaron a las sillas musicales) y como todo se demoraba horrores, para ocultar su terrible atraso, la Municipalidad puso en uso las tristes ruinas, como si fueran las de Caracalla, primero para espectáculos más o menos apropiados al sórdido entorno y, luego, para cualquier cosa.
Hasta que el 2003 Defensa Civil declaró peligroso el uso de esos escombros y, desde entonces, hay más escombros cada día (la ruina se sigue cayendo a pedazos) mientras los encargados de la reconstrucción siguen cobrando su sueldo y el Mudo. ¿Qué es del Mudo? Sigue mudo, inaugurando fuentes millonarias que le traerán muchísimos más votos que cuatro nuevos Municipales juntos. Pero no mi voto, no señor. Jamás el mío.