"No hay controles, no hay policía, nada". Habíamos salido de Ayacucho de madrugada, desayunado en La Pequeñita, el restaurante de Tambo que había sobrevivido a todos los Apocalipsis y ahora atravesábamos el valle de Ninabamba, rumbo a Chungui, donde estaba por celebrarse la fiesta de la Virgen del Rosario, patrona del pueblo.
Pronto el valle queda atrás y enrumbamos hacia las punas. El chofer solo habla de asaltos en la carretera, ajustes de cuentas, "mochileros". En esta curva asaltaron a los del proyecto Camisea, pobrecito un colombiano, cuando los asaltantes les dijeron que se tiren al suelo, se tocó de nervios porque en Colombia hacen eso cuando van a matar a todos. Rampando trató de escapar pero lo alcanzaron y lo malograron feo, acá lo han abierto, acá, también en la cabeza un tajo, casi muerto lo han dejado. Luego los ronderos atraparon a los asaltantes y les dieron vuelta. Cuando la policía llegó a averiguar, "el pueblo lo hizo", y nunca pudieron, o quisieron, identificar a los responsables.
La carretera está muy bien afirmada hasta llegar a Repartición, donde el camino se bifurca. A la izquierda, los que van a ser ricos, o al menos a tener trabajo estable, enrumban por la carretera que lleva a un campamento del proyecto Camisea. A la derecha doblan los pobres, que se dirigen a Chungui por un camino menos cuidado y por el cual, desde una cumbre, se divisa el campamento con estructuras blanquísimas, que semejan las de una colonia terrícola en la Luna.
"Bienvenidos a Chungui", anuncia por fin un letrero, siete horas después de dejar Ayacucho. "Capital del Llaccta Maccta" añade una inscripción sobre una piedra enorme a la entrada del pequeño pueblo a 3,500 metros de altura, entre tres cerros que lo vuelven ventoso, cubierto frecuentemente por la neblina que sube de la selva, sin luz, sin agua potable, con conexión telefónica precaria pero con una inmensa antena parabólica en una esquina de la plaza y -el que puede, puede- servicio de Direct TV con más de 300 canales.
En la década de 1980, el distrito, y sobre todo su parte sur, bautizada por los militares como Oreja de Perro, fue uno de los lugares más golpeados por la violencia. En un distrito de 1,000 km2 murieron y desaparecieron alrededor de 2000 personas y la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) identificó más de 2000 sitios de entierro. Los que pudieron huyeron. Un libro estremecedor de Edilberto Jiménez, quien viaja con nosotros, da cuenta de ese olvidado holocausto que hizo descender la población del distrito a casi la mitad entre los censos de 1981 y 1993.
Hacia fines de la década de 1980 Sendero Luminoso (SL) fue derrotado en Chungui y luego.pues nada. Algunos sobrevivientes comenzaron a regresar desde Ayacucho o Andahuaylas, cruzando Kutinachaka, el puente del retorno, sobre el Pampas, cerca de Ocobamba. El Estado comenzó a regresar tímidamente. La empresa privada pasó por el costado. El gasoducto que viene de Camisea atraviesa Anco, el distrito vecino, pero en Chungui no pasa nada.
Señor alcalde, ¿a Chungui ha llegado algún candidato presidencial? No, nunca. ¿Y a gobierno regional? Tampoco. ¿Y a alcalde provincial? No. Pero, ¿y todas estas pintas? Son de sus simpatizantes. Vienen de Ayacucho, pintan y se regresan.
Daniel Juárez Huamán es alcalde de Chungui, ganó por el voto de Oreja de Perro, y se preo-cupa por lo poco que puede hacer por sus paisanos y electores. El problema principal es la falta de vías de comunicación. Las autoridades que llegan para el Primer Congreso extraordinario de las comunidades del distrito de Chungui, que se celebra aprovechando la fiesta patronal, demoran muchas de ellas 12, 15, 18 horas a pie para llegar a la capital distrital. Más todavía demoran los campesinos para llevar sus productos a la feria de Kutinachaka, donde los compradores tienen la sartén por el mango.
Chungui es solo un bordecito porque el distrito es grande, dice Leandro, nuestro acompañante; solo tenemos caminos de herradura, por eso muchas veces las personas mueren por la dificultad de llegar a la posta. Tenemos problemas en educación y salud pero lo principal es la carretera.
Incluso en la primera etapa de los programas de reparaciones colectivas aprobado por el gobierno, solo aparecen cinco comunidades de Chungui, cercanas a la capital. Ninguna de Oreja, las de más difícil acceso, donde en muchos casos no llegaron ni el antiguo Programa de Apoyo al Repoblamiento (PAR) ni la Comisión de la Verdad y Reconciliación, ni el actual Consejo Nacional de Reparaciones. El gobierno está dando el programa "Juntos", dice la regidora Emma Altamirano, pero no lo estamos recibiendo. Para "Juntos" han censado, y según el censo ha salido que no somos pobres. Dentro de los requisitos está el tener hijos menores de 14 años que tienen que estudiar, también hacerse controlar en la posta, pero hay señoras que tienen cinco o seis hijos que vienen al colegio desde muy lejos y no están en el programa, yo no se por qué, añade. Necesitamos, porque recién estamos repoblando, (los pueblos de Oreja), recién están adquiriendo sus animalitos.
Producimos papa, maní, cacao, pero entonces por qué estamos en extrema pobreza, porque no tenemos animales y estamos lejos y no podemos sacar los productos. Nuestra selva está lejos y los compradores vienen y llevan nuestros productos al precio que ellos quieren. Si llegara la carretera nosotros nos organizaríamos y llevaríamos nuestros productos a Ayacucho, finaliza.
Uno de los temas de agenda del I Congreso extraordinario de comunidades de Chungui, que reúne alrededor de 80 autoridades, es la seguridad ciudadana. Antes la feria era de noche ahora ya es de día. Se piensa implantar el toque de queda por la presencia de asaltantes y el tránsito creciente de "mochileros". Hace un año que en Chungui no hay gobernador, "porque. no encuentran alguien de su partido que sea de confianza". Quedan solo los tenientes gobernadores. En muchas partes, ellos son al mismo tiempo cabeza de los comités de autodefensa, la única autoridad en las áreas rurales, designados entre una terna propuesta por los pueblos. Anoche hubo balacera. Como a las 4 de la mañana habrá sido. Cohetones habrán sido. No, balacera. Ah, entonces fueron los ronderos. Es que mucho ha tomado la gente, desde abajo le tiraban cerveza a la cantante. ¿Fresalinda? No, una imitadora, Fresalinda tuvo problemas, le encontraron droga cuando regresaba del VRAE a Huamanga, quién sabe fue envidia, alguien se la puso, pero está cumpliendo condena. Pero se defendía la imitadora, cantaba bien. Nosotros las autodefensas somos súper, mejor que la policía, mejor que los militares pues, ahora nos llamamos autodesarrollo, dice uno de los jefes mientras sale la Virgen del Rosario acompañada de todas las imágenes del viejo templo colonial. Una adolescente canta un Llaccta Maccta: "Picaflorcito, picaflorcito, / tu alita préstame./ si me prestas tu alita, / puedo entrar al pueblo de Lima mi picaflorcito, puedo entrar al palacio. / Entrando al pueblo de Lima, / entrando al palacio, / puedo conversar con el doctor Alan picaflorcito, / puedo conversar con el doctor Alan".
No parece perra de ningún hortelano, tampoco su canción dice que va a pedir algo, solo conversar, como pudiera hacerlo cualquier ciudadano. Tal vez para decirle al doctor Alan que en las cumbres por encima del VRAE, desde Viscatán, pasando por Putis y hasta Oreja de Perro, hay una franja que sufrió demasiado la violencia y que ahora, más pobre, debilitada y despoblada, es tierra de nadie por donde los cárteles sacan droga pagando migajas a los muchachos, que si no emigran, no tienen casi alternativa sino volverse "mochileros". Respetando la opción preferencial por los empresarios, asumida apasionadamente por el doctor Alan. Asumiendo incluso su preferencia por ungir zares y zarinas en vez de fortalecer la institucionalidad democrática, ¿no sería urgente que el gobierno, empresarios y ciudadanos en general, hagamos algo antes de vernos envueltos en otro ciclo de violencia, esta vez sí transnacional?