Las políticas de educación demoran en madurar y en ofrecer resultados. Es obvio, por tanto, que al gobierno no se le puede reclamar que, en solo dieciséis meses, pudiera haber dado un vuelco radical a un problema que es antiguo y que se origina en el escaso interés del sistema político en su conjunto por la educación, más allá de los discursos rimbombantes de siempre.
Pero lo que sí hay que demandarle al gobierno es que, en dicho lapso, ya debería haber establecido las bases para empezar a revertir el escenario catastrófico de la educación peruana. Más allá de algunas iniciativas aisladas, lamentablemente esto todavía no ha ocurrido.
Se debería empezar por aplicar el Proyecto Educativo Nacional (PEN) diseñado por el Consejo Nacional de Educación (CNE), el cual el gobierno anunció haberlo hecho suyo, pero del que no existe más que dicha declaración de buenas intenciones.
Asimismo, además del incremento sustantivo en la calidad de la ejecución del gasto en educación, es crucial que se eleve su participación en el presupuesto de la República con el objetivo de financiar las medidas que apunten a su mejora.
En este sentido, ahora que se está debatiendo el presupuesto del año 2008, los poderes Ejecutivo y Legislativo deben escuchar con atención la alerta realizada por el CEN debido a que no se ha cumplido la meta de incrementar el presupuesto en Educación en 0.25% del PBI anual, concertado en el Acuerdo Nacional y en el PEN, lo que hace lejana la posibilidad de alcanzar el 6% del PBI para el año 2012.
La educación es crucial para elevar la competitividad del país ahora que está por ratificarse el TLC, así como para reducir la pobreza de acuerdo con las metas anunciadas por el gobierno. Manos a la obra.