| Lun. 19 nov '07

El drama de la vida

Según su fábula, en el principio de los tiempos, el caos y la violencia gobernaban el mundo. Los cuatro elementos -el aire, la tierra, el fuego y el agua-, luchaban por prevalecer.

En ese caos, el Poder, la Sabiduría y el Amor intervienen buscando que los elementos se entiendan. Estos aceptan con una condición. Alguien debe gobernarlos. Es entonces cuando llega el hombre, que sale de la "cárcel del no-ser".

En la visión barroca de Calderón, el hombre recibe los dones del Entendimiento y la Libertad, y la compañía de una esposa, la Luz. En ese momento, la Sombra, buscando reinstaurar el caos, tienta al hombre con la manzana.

La alegoría de Calderón de la Barca tiene un fin enaltecedor y ejemplar. Como en todo auto sacramental, sus personajes son abstracciones personificadas, que escenifican el drama de la vida.

Calderón no crea seres humanos específicos. Les da una forma humana a las virtudes y los defectos, a las experiencias y las situaciones generales. Al concretizar lo abstracto, lo humaniza y lo acerca, lo que hacía más eficaz su función didáctica.

La extraordinaria belleza del lenguaje y su dosificado desarrollo hacen de esta obra uno de los modelos de los autos sacramentales. La dirección de Luis Peirano y un gran elenco, con Ricardo Blume, uno de los grandes referentes del teatro peruano, así como un gran despliegue técnico y de producción, llena de expectativa el montaje de esta semana.

Quisiera resaltar la importancia que tiene esta presentación, en el marco de la celebración de los noventa años de la Pontificia Universidad Católica del Perú. En un país con pocas instituciones, marcado por el caos y el vacío, la historia de Calderón parece recordarnos el papel de una universidad como la Católica en la marcha del Perú moderno.

Su aporte esencial es la noción de la educación como un proceso integral de base humanista. La sabiduría, el entendimiento y la luz, de los que habla Calderón, han guiado los pasos de esta universidad, incluso contra las amenazas de otras instituciones, como hemos visto hace poco.

Para la gente de la Universidad Católica, en estos noventa años, el Perú ha sido y es, a la vez, una realidad y un sueño.




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