| Mar. 15 ene '08

El peso de Keiko

La fuerza real de la congresista Fujimori en el 2011.

El anuncio de la congresista Keiko Fujimori, justo antes de partir a Estados Unidos por algunos meses para culminar sus estudios, sobre la fundación de Fuerza 2011 como el nuevo partido que unificará a los fujimoristas para "ingresar con fuerza al proceso electoral del 2011", es parte de la defensa político-judicial de su padre.

A nadie debiera sorprenderle el lanzamiento de un nuevo partido fujimorista, pues cambiar de logotipo es su rasgo distintivo, salvo a sus propios dirigentes, quienes suelen ser madrugados por las decisiones que, sin consultar a nadie, toma el clan fundador anteponiendo sus intereses propios a los del grupo. Si se repite lo ocurrido en el origen de los anteriores sub-partidos, habrá un piteo inicial pero en breve todos se alinearán con el mandato decidido esta vez en el penal de la Diroes.

¿Tiene la congresista Fujimori un futuro en la política? Sin duda, como lo demuestran varias encuestas de opinión pública y el resultado de la elección del año 2006.

Este, sin embargo, no es tan auspicioso como sueñan los fujimoristas. En su contra juega la enorme carga que significarán todas las revelaciones y recuerdos que están saliendo del baúl durante el juicio a Alberto Fujimori.

El dilema judicial del prisionero es el mismo del terreno político. Este consiste en la compleja intención de la defensa de querer demostrar que Fujimori no estaba al tanto de las fechorías cometidas durante su gobierno, pero que, no obstante ello, era un gran presidente y que a él se le debe atribuir todos los logros del mismo.

La poca credibilidad del argumento se debilita más por la necesidad de no tocar a Vladimiro Montesinos ni con el pétalo de un rosa, pues su molestia podría llevarlo a abrir la boca, agravando la situación del acusado.

El problema de Fujimori -y de su perspectiva política y judicial- es la contradicción que se desprende en cada audiencia cuando tiene, por momentos, que camuflarse de irresponsable y pelele que no sabía nada de la corrupción y de la violación de los derechos humanos y, en otros ratos, presentarse como el estadista cuidadoso que tenía el control total de la situación.

Cada vez será más evidente que Fujimori sí estaba al tanto, y que fue advertido de ello, a pesar de lo cual no hizo nada. Ese será el peso difícil de sobrellevar por su hija en la siguiente elección.




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