| Jue. 31 ene '08

El tío Alan y el escribidor

La cita entre el presidente García y Mario Vargas Llosa.

Ya se sabe que una fotografía vale más que mil palabras, pero la que se publica en la portada de esta edición, con el presidente Alan García y el escritor Mario Vargas Llosa saludándose en la puerta de Palacio de Gobierno, tiene connotaciones que, sin duda, superan dicha extensión.

Para quienes sean jóvenes o no lo recuerden, Vargas Llosa irrumpió fugazmente en la política en 1987, cuando García decidió, a la mitad de su primer mandato, el absurdo de estatizar la banca. El escritor encabezó la oposición a la misma y acabó convertido en el candidato presidencial a quien el gobierno aprista buscó bajárselo, lo cual finalmente consiguió con no pocas malas artes.

Dos décadas después, ante la segunda vuelta entre García y Ollanta Humala, Vargas Llosa fue uno de los líderes de la iniciativa de votar por el primero pero, eso sí, "tapándose la nariz" debido al asco que le producían los dos finalistas de la competencia.

Por ello, la fotografía de ambos ayer en Palacio, y los muy elegiosos comentarios de Vargas Llosa al gobierno -"por el TLC, el crecimiento económico y el funcionamiento de las instituciones"-, constituyen para el repitente presidente un hito relevante en su prolongada pero -más que eso- zigzageante trayectoria pública.

El espaldarazo político que el escribidor le ofreció al ya

tío presidente funciona como una de las confirmaciones importantes de la profunda transformación ideológica experimentada por García en las últimas dos décadas.

Dicha reconversión está permitiendo que su segunda experiencia gubernamental no sea el mamarracho que, sin duda, fue la primera y que, por el contrario, esté alcanzando varios éxitos a pesar de su visible y lamentable falta de convicción para encarar aquellas reformas fundamentales en educación, salud, justicia o seguridad que son indispensables para transformar realmente al país, y crear las condiciones para que el progreso que trae el crecimiento económico alcance con más rapidez a un número mayor de peruanos.

Ojalá que el presidente García aproveche los tres años y medio que le quedan de su segundo gobierno para lanzar al menos algunas de dichas reformas, y que los elogios que hoy le hacen peruanos notables como Vargas Llosa, no lo pongan a dormir en sus laureles. Que aún no son muchos.




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