El costo político de diez meses lamentables.
La portada de la izquierda es la que
Perú.21
publicó el 31 de mayo de 2007, cuando se reveló la contratación de un empleado fantasma por parte de Tula Benites. Al lado aparece la que se debió publicar ayer de no haber sido por la lamentable votación de anteanoche.
Por ello, debe destacarse, en primer lugar, la rectificación del Apra -y, en general, del Congreso- en el blindaje inadmisible a Benites. Pero no se puede dejar de advertir el grave daño producido en el prestigio del Apra y del gobierno por haberse demorado diez meses en reconocer que dicho blindaje solo era complicidad.
Si hubieran actuado según el camino que trazó Mercedes Cabanillas -quien cuando presidía el Congreso identificó bien la gravedad de la falta-, otro hubiera sido el final de este escándalo. Pero en el Apra y en el gobierno se permitió y toleró que algunos maniobraran para salvar a Benites. Al final, este respaldo cómplice acabó enlodando al partido en su conjunto y a los apristas honestos que sí trataron de enfrentar el problema con decencia.
La magnitud del daño ocasionado al prestigio del Apra y del gobierno se expresa bien en los comentarios de ayer del presidente Alan García: "es algo atroz, el Perú y la opinión pública ven con alarma que exista cualquier tipo de blindaje partidarista", "una bofetada a Trujillo y a la memoria de Haya de la Torre".
Qué bueno habría sido si el presidente García hubiera hablado así de claro hace varios meses, y no recién cuando el escándalo les estalló en la cara, mellando profundamente la credibilidad del gobierno en la lucha contra la corrupción.