A los peruanos no pocas veces se nos han contado cuentos económicos, y casi siempre hemos caído redondos en ellos. Bajo este enfoque, invito al lector a enfocar el vínculo entre el manejo monetario y los niveles de actividad económica y -particularmente- las afirmaciones que sostienen que rebajar el crecimiento de la liquidez nominal para cumplir cabalmente con la meta inflacionaria del BCR nos llevaría a una pronunciada recesión.
Hace más de cincuenta años -a la luz del rampante reino del keynesiamo vulgar- se creía que existía una conexión directa entre las inyecciones sistemáticas de liquidez y el crecimiento económico. Por ello, no pocos gobiernos dentro y fuera de Latinoamérica apostaron por inyectar desproporcionadamente liquidez. Esta visión desató, después de una breve fase de efímera reactivación, tanto mayor inflación cuanto una abrupta recesión. A raíz de ello se tiraron al tacho tales creencias. De todo esto quedó una lección: las fases persistentes de auge, estancamiento o recesión podrían obedecer a causas diversas, pero la inflación siempre tenía solo una: la irresponsabilidad de los bancos centrales.
Hoy podemos discutir sobre cuáles serían los instrumentos óptimos para manejar la política monetaria en el corto plazo en función de revender las ideas de algún economista difunto (Wicksel o Friedman, por ejemplo). Podemos cuestionar cualquier pretensión de racionalidad en la formación de expectativas, reactualizando visiones hayekianas con agentes que disponen de imperfecto conocimiento económico. En lo que existe menor discusión (léase mayor conocimiento) es en la perspectiva de que es pueril anticipar una recurrente o sistemática elección entre inflación y recesión. Quien plantea que si el BCR reduce hoy el crecimiento de la liquidez (para mantener su palabra inflacionaria) se va a generar una brutal recesión, no tiene mayor fundamento.
Aquí es sano descartar las caricaturas. No se trata de que el BCR apague la luz o se libere de satisfacer las necesidades normales de monetización de la economía. Se trata de entender que el uso de la liquidez como generoso estímulo monetario (para recalentar la economía), o atribuir a presiones inflacionarias importadas el rol de causal inflacionario básico, implica creencias de débil fundamento. Tratar de justificar la inflación actual como algo ajeno o importado y soltar la amenaza velada de que si el BCR prioriza el cumplimiento de su meta inflacionaria se generaría una terrible recesión, implica solo una vieja práctica. A lo largo de los sesenta, setenta y ochenta, caímos redondos en esta cantaleta.
Recordemos lo que debíamos haber aprendido: el retorno ordenado de la responsabilidad monetaria no trae recesión. Solo trae estabilidad y progreso.