Las dudas sobre la Oficina Nacional Anticorrupción.
Con las típicas trompeaderas verbales que les encanta a algunos parlamentarios, y que alcanzan su
esplendor máximo cuando el tema es relevante, la presentación que anteayer hizo la jefa de la Oficina Nacional Anticorrupción (ONA) ante la Comisión de Fiscalización del Congreso tuvo un resultado decepcionante. La culpa de ello la compartieron los anfitriones y los visitantes.
Por un lado, algunos parlamentarios que participaron en la sesión se perdieron en los vericuetos del tema políticamente vistoso del monto de la planilla de la ONA, así como de la composición del equipo de trabajo.
Al respecto, se cuestionó la participación del abogado Ronald Gamarra en la ONA. Se trata, sin duda, de un profesional valioso que ha tenido un papel relevante en los procesos anticorrupción y que, actualmente, también lo está teniendo en el juicio a Alberto Fujimori.
Ese es, precisamente, el motivo del fujimorismo para objetarlo. Al margen del mismo, sin embargo, lo conveniente para la ONA y para la propia evolución del juicio sería que Gamarra dejara de estar en el proyecto liderado por Carolina Lizárraga. Es mejor no dar ninguna señal que luego pueda ser aprovechada por el fujimorismo para objetar el proceso que se desarrolla en la Diroes.
La cita del martes en el Congreso fue decepcionante porque varios parlamentarios estuvieron más interesados en tratar de encontrar algún hecho corrupto o ilegal en la propia ONA, antes que en fijar bien los objetivos de esta nueva entidad pública.
Lo anterior constituye el tema central -y, al mismo tiempo, la incertidumbre principal- sobre la ONA, que es, de paso, la misma que ha estado dando vueltas desde el momento de su creación, hace cinco meses.
Lamentablemente, la presentación de Lizárraga y de su equipo de trabajo no ayudó mucho a tener una idea más precisa respecto de para qué se creó esta entidad,
y sobre cómo se diferencia de las otras que ya existen para alcanzar el mismo objetivo: minimizar la posibilidad de que se robe con tanta facilidad en el sector público, y castigar con rigor al culpable.
Lizárraga todavía tiene pendiente la tarea de darle forma a la ONA y de impedir que esta idea se quede en el aire como varias otras cortinas de humo del gobierno.