| Vie. 28 mar '08

Más allá del Forsur

Entre la gran reforma y los cambios sectoriales.

El gobierno presentó el alejamiento de Julio Favre del Forsur como el final de la primera etapa de la reconstrucción por el sismo de agosto pasado, pero sería un error interpretar esto como un simple cambio de fase pues el país tiene mucho por aprender de lo ocurrido.

Favre y el equipo que lo acompañó, ad honórem, dejan un conjunto valioso de proyectos para la zona damnificada, pero no salen del Forsur en olor a éxito sino con un halo de decepción, al punto que allegados al gobierno temen, con razón, que el primer aniversario del terremoto será una fecha negra para este.

Acaso porque el daño fue muy grande, porque la expectativa de lo que podía hacer un grupo de empresarios era exagerada, o porque , sencillamente, las cosas no salieron como debieron haber salido, ¿por qué un grupo de empresarios razonablemente exitosos en su actividad privada, pueden fracasar cuando asumen un desafío crucial en el sector público?

La respuesta no está en su capacidad individual, obviamente, sino en la estructura en la que deben moverse -el Estado peruano-, la cual tiene serios obstáculos que impiden un desempeño más eficiente. En principio, esto habla bien del funcionario público que, a pesar de todo, consigue resultados pero que, con frecuencia, es menospreciado por el ejecutivo privado. Sin embargo,

nada ganaríamos quedándonos en ese nivel.

La respuesta pasa, entonces, por reformar la estructura del Estado peruano con el fin de que esta facilite el logro de los objetivos del gobierno. Por ejemplo, que en el caso de un desastre natural no sea una rémora.

No obstante, hace tres lustros se habla en el Perú de la gran reforma del Estado, con diagnósticos extensos que repiten lo mismo y resultados insatisfactorios.

Por tanto, en lugar de plantear esa gran reforma que nunca llegará a nada, más allá de engordar el bolsillo de algún consultor internacional, lo que se necesita es un conjunto de enfoques sectoriales, a partir de la experiencia local, para modernizar actividades específicas, una tarea en donde mucho más importante que el diagnóstico -que nos sobra- es la calidad de la gerencia pública -bien remunerada- encargada de la gestión del cambio, así como asesoría calificada para esta parte específica del proceso.




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