El gobierno nos ha venido asegurando que estamos "blindados" contra la crisis mundial, y que no debemos temer que ella pueda afectarnos. Sus amigos más responsables empiezan a reconocer que esto no es así. De hecho Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía y ex presidente del Banco Mundial, asegura que la actual crisis financiera es la peor que atraviesa el mundo desde la Gran Depresión de los años 30.
El discurso con que el Apra y la derecha financiera ha venido tranquilizando a los peruanos ha tenido la evidente finalidad de mantener sin cambios un modelo de crecimiento económico que beneficia a unos pocos y se desentiende de las mayorías. Pero en la medida que los efectos de la recesión (que comienzan a manifestarse en las alzas de precios de estos días) empiecen a golpear en serio los bolsillos populares va a tener que tomarse opciones de fondo. O se sigue las recetas de quienes sienten que viven en el mejor de los mundos posibles y defienden que se mantengan las cosas como están -lo que incluye que se cargue las consecuencias de la crisis sobre los más pobres- o se va a tener que afrontar cambios que el Apra no tiene la intención de realizar y que tendrán que ser impuestos por las mayorías que votaron por un cambio responsable.
El gobierno no ha defendido los intereses nacionales, como puede verse si se comparan sus pasos con los de los gobiernos vecinos durante los dos últimos años. Evo Morales forzó una renegociación de los contratos con las empresas multinacionales que explotan los hidrocarburos bolivianos; Alan García y sus corifeos dijeron que eso era un suicidio, porque Bolivia iba a ahuyentar a la inversión extranjera y los bolivianos naufragarían por falta de capitales. Pues bien, no se fue ni una sola de las empresas extranjeras, pues con los precios internacionales actuales aún con las nuevas reglas de juego se pueden hacer excelentes utilidades. El gobierno de Bolivia multiplicó sus ingresos mineros de 400 millones a 2 mil millones de dólares anuales, que le permitirán afrontar la próxima crisis en mejores condiciones (por algo Evo Morales tiene más del doble de aprobación que Alan García). Chile -ya lo señalamos anteriormente- ha recibido de la Codelco -la empresa estatal chilena que explota el cobre- alrededor de 25 mil millones de dólares en los últimos cuatro años: un promedio de unos 6 mil millones de dólares anuales. Frente a eso, el óbolo que recibe el gobierno de García es realmente miserable; algo así como 180 millones de dólares: la décima parte de lo que recibe Bolivia y un treintaitresavo de lo que recibe Chile.
¿Así defiende el Apra los intereses del país?