Según diversas fuentes, el alcalde de Lima, Luis Castañeda, gobierna la ciudad capital sin molestarse por participar en las reuniones del concejo e, incluso, apareciendo muy esporádicamente en el local municipal. Al mismo tiempo, mantiene a la población desinformada respecto de las actividades municipales, incluidos los avances -o las demoras- de las obras viales. Por último, casi siempre son las personas que conforman su pequeño equipo de confianza quienes salen a enfrentar los resbalones de la gestión edil.
En sus puntuales y fugaces apariciones, Castañeda no hace más que eximirse de responsabilidades, además de repartir calificativos a sus críticos: "bodegueros" (¿?) y "parásitos". A decir del congresista Víctor Andrés García Belaunde, "no está acostumbrado a las críticas. Su popularidad y aceptación lo han afectado, lo han vuelto muy sensible"
(Perú.21
, 1-4-08).
El estilo de "hablar" solo con obras, elegido por el alcalde, va de la mano con una forma de gobierno que consiste en orillar graves problemas derivados de la inacción municipal, esquivarlos o dejarlos para más adelante. Esto, que tantos réditos le ha dado, está comenzando a mostrar fisuras. El haber anulado la licitación para el transporte masivo por el nuevo trazado de la Vía Expresa y el fallo del tribunal arbitral a favor de Lidercon, a propósito de las revisiones técnicas, son tropiezos que anuncian al alcalde que debe replantear su esquema de gobierno.
Los traspiés mencionados no tendrán un impacto negativo inmediato en la popularidad del alcalde -hoy por hoy, la anulación afecta solo a las empresas concursantes, y de las revisiones técnicas no hay muchos hinchas en Lima-. El alcalde y su equipo pueden mantenerse serenos pues, como máximo, quizá bajen unos puntos en las encuestas. Sin embargo, no se puede ignorar que ambas dificultades evidencian problemas mayores en la gestión municipal y una flagrante incapacidad para resolver desafíos de fondo: ¿qué hay de la reorganización del tránsito y del agobiante sistema de transporte colectivo de la capital?
Además de la postergada licitación y las continuas paralizaciones de las obras del nuevo zanjón, nada hay, por ejemplo, de la racionalización de las actuales rutas de transporte que, como informa Gino Costa en este mismo diario, suman más de 500. "A decir verdad -dice el ex ministro del Interior-, el proceso ha sido manejado por el alcalde con los pies, y no solo en su fase final, como hoy ya resulta obvio, sino desde el comienzo. En más de cuatro años de funcionamiento, Pro Transporte ha contado con seis directorios y no ha logrado armar un equipo gerencial de primer nivel por la falta de concursos públicos, la preferencia por personajes de su círculo íntimo y los constantes cambios".