| Jue. 03 abr '08

En buen pie

El grado de inversión y toda la tarea pendiente.

En el mismo día en el que todos comentaban la inflación de marzo (1.04%, la tasa más alta desde febrero de 2004), el anuncio de la agencia clasificadora de riesgo Fitch de que le había otorgado al Perú el grado de inversión fue un reconstituyente magnífico para el ministro Luis Carranza y, en general, para el gobierno, así como una gran noticia para el país.

Lo que evalúan estas clasificadoras es la calidad de los activos financieros que emite un país, es decir, la capacidad de pagar la deuda. Así, lo que Fitch le está diciendo a la comunidad financiera internacional es que el Perú está actualmente en buen pie y que la posibilidad de que incumpla sus obligaciones financieras es muy baja.

Dicho resultado es consecuencia del manejo prudente de la economía que el gobierno está mostrando, y de los buenos resultados macroeconómicos que se están alcanzando. Pero, también, de los avances realizados en la economía nacional durante los últimos tres lustros, tarea en la que ha participado más de un gobierno.

Alcanzar el grado de inversión es una muy buena noticia. Primero, por lo obvio: su implicancia en el abaratamiento de los créditos que tome el gobierno y las empresas privadas, lo cual favorece a la inversión y, por tanto, al crecimiento y a la generación de empleo.

Lo segundo es menos evidente pero quizá más importante: porque amarra al gobierno -al actual y a los que vengan- a desenvolverse con sensatez en el terreno económico; a la primera metida de pata relevante, los mercados saltarán y las clasificadoras nos retirarán de la categoría en la que ahora nos han puesto. Cuidadito, entonces, con las reacciones nerviosas y no muy

bien pensadas del gobierno, como las vistas hace poco.

Ahora bien, el gobierno cometería un error garrafal si cayera en la tentación del jamoneo excesivo por la obtención del grado de inversión, y lanza -como ayer- frases como que "el Perú es ahora más rico", pues inmediatamente el ciudadano común y corriente mira a su bolsillo y no siente que comparte dicha bonanza.

Por ello, hizo bien el ministro Carranza al decir ayer que si la pobreza no se reduce en el año 2011 a 30% de la población, el gobierno aprista habrá sido un fracaso. Fue un magnífico día para recordarlo. Le tomamos la palabra.




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