| Sáb. 05 abr '08

La puerta y la nada

durante meses no acepta salir de su cuarto; bueno, en realidad, no tanto, sale para cuestiones puntuales, como almorzar o dar una vuelta por el parque, pero no para ir a la universidad, desde que un día decidió que el mundo exterior era demasiado -demasiado mucho o demasiado poco- para él.

Durante meses se ha ido articulando un comercio de amenazas, promesas, acciones, que dejan el partido en tablas, en un empate que a veces parece romperse, pero solo parece que la situación está hecha para que el nudo lo siga siendo.

Los padres le cortan la electricidad -comenzaron haciéndolo en toda la casa, pero, luego, descubrieron la manera de operar más selectivamente-, él renuncia a los videojuegos, pero hace una bulla terrible con sus instrumentos de percusión -los de verdad, como su batería, y algunos regalos que no están hechos para producir música, como su laptop cuando se estrella contra el espejo-, lo que interfiere con la marcha familiar.

Pero hay amistes, treguas, alto al fuego, proyectos de amnistía y comienzos desde cero. Hay crisis aparatosas, eventualmente violentas, y calmas que relajan y entusiasman o, por lo menos, permiten descansar y recargar energías. Nada. Es como estar permanentemente en arena movediza, pero sin poder salir de ella, ni tampoco hundirse.

La puerta está entre él y el mundo. Entre ellos y él. Es una puerta que ha sido trancada, forzada, ha sido entreabierta, ha permitido ir y venir, se ha cerrado estrepitosamente. Pero, sobre todo, ha sido utilizada como metáfora. "Abre la puerta, no entra nadie, si me compras tal cosa, voy -vale decir, traspongo el umbral de la puerta- a tal sitio; si vas a la universidad, te pongo la última versión de tal juego". Pero, al final, cuando la puerta parece abrirse, no, no voy; no, no te compro; no, no es la universidad que quería; no, mejor me quedo aquí.

Todos han estado actuando como si hubiera algo más allá de la puerta, en una dirección y la otra, una realidad a la que la puerta da acceso si se cumplen ciertas condiciones. Cuando, la verdad, bien visto el asunto, no hay nada. Se ha creado una puerta realidad, que define ilusiones permanentes, trucos de prestidigitación, actos de magia houdinesca, para esconder el vacío de allende la puerta, de ambos lados. La nada que la puerta esconde y que la batalla alrededor de la puerta oculta, es la realidad más terrible.

Desconocer la puerta es el único camino posible. Reconocer la nada y reemplazarla por algo es la única opción. Construir una realidad de verdad es la única posibilidad. ¿A dónde queremos ir cuando la puerta se abra?




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