La denuncia de que el Canal 11 de televisión se habría beneficiado con publicidad estatal a raíz de que allí trabaja un hijo del premier Jorge del Castillo ha debilitado la figura bastante sólida que ha mantenido el presidente del Consejo de Ministros durante estos casi dos años de gestión aprista.
Sin embargo, es prácticamente imposible que el presidente Alan García decida remover de inmediato a Del Castillo de su cargo. En casos semejantes, la línea de conducta de García ha sido resistirse a cambiar a cualquier ministro que esté en dificultades, sobre todo si proviene de las filas de su partido. El caso más evidente es el de Luis Alva Castro, ministro del Interior, quien a pesar de sus errores y de las consecuentes críticas que ha recibido, de muy variada procedencia, se mantiene incólume a la cabeza de ese sector.
El presidente persiste en dar la imagen de que él no decide al compás de lo que reclama la prensa, y menos aún si el medio que lidera la denuncia le resulta incómodo y lo siente como medianamente opositor.
Eso sí, es muy probable que los tiempos de Jorge del Castillo como primer ministro concluyan en julio o algo antes. ¿Qué traerá su salida? Indefectiblemente, la consolidación de los "independientes de derecha" en el gabinete.
Las posibles cartas de reemplazo apristas, como Luis Gonzales Posada, Mercedes Cabanillas, Mauricio Mulder y el propio Alva Castro, se encuentran, hoy por hoy, a causa de diferentes motivos, en posiciones poco propicias para asumir la responsabilidad del premierato. Por otra parte, es seguro que quien debe decidir el cambio, es decir, el presidente García, atenderá el recurrente pedido de no apristizar el gabinete.
Se vocea la posibilidad de que Mercedes Aráoz, ministra de Comercio Exterior y Turismo, asuma como premier. Sin embargo, a pesar de los factores que suman a su favor -le ha ido bien en la fase final de la negociación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y, en las encuestas, la aprobación a su labor es una de las más altas del gabinete-, le falta el aplomo y el tino político suficientes para asumir una responsabilidad de tal calibre.
No obstante, es seguro que en la decisión del presidente García primará el criterio de nombrar a un independiente que no ponga nerviosos a los grandes inversores. El problema es que no le será fácil encontrar a un candidato que tenga las virtudes del actual premier, tan necesarias para el presidente por más que su personalismo se resista a reconocerlo: que conozca al Apra por dentro, que tenga buenas relaciones con la derecha y que sepa administrar las constantes situaciones de crisis social.