En tiempos en que solo se habla mal de los maestros peruanos es gratificante leer Historia y cultura de Ayacucho, una reciente publicación del Instituto de Estudios Peruanos (IEP) y de Unicef, en cuya elaboración participaron activa y protagónicamente docentes de los institutos pedagógicos Virgen de Lourdes, de Huamanga; y Moisés Cavero, de Huanta; así como otros profesores de la región.
El libro, editado y coordinado por Antonio Zapata y Rolando Rojas, ambos del IEP, así como por Nelson Pereyra, de la Universidad San Cristóbal de Huamanga, está hecho por maestros y se dirige a los maestros. Es un libro de consulta para los profesores de la región, que podrán encontrar en él materiales para aprender y enseñar.
El trabajo ayacuchano, que tiene un antecedente semejante en Huancavelica, recoge, sintetiza y da cuerpo a investigaciones y materiales preparados por los docentes de la región.
El texto final fusiona el trabajo de los historiadores encargados de la coordinación y la edición -quienes además revisaron publicaciones y tesis sobre la zona- con las investigaciones y los conocimientos de los docentes.
Aun reconociendo que es todavía un esfuerzo inicial y que el tiempo para elaborarlo resultó ajustado, pues, como se señala en la introducción, "Se recogen tanto los aportes de la historia y las ciencias sociales, como también los saberes locales sobre la cultura ayacuchana: tradiciones, música, danzas, artesanía y folklore (pero) no cubre todo el espectro de conocimientos sobre la región Ayacucho", no queda duda respecto de que sería muy productivo replicar este trabajo en las distintas regiones del país.
El efecto sería múltiple: se estaría trabajando para reconstruir en términos prácticos la autoestima de los profesores y, simultáneamente, se iniciaría la elaboración sistemática y dialogante de un discurso de cada región sobre su propia historia.
La historia oficial dejaría gradualmente de ser elaborada y contada solo desde Lima. Más aún, es seguro que habrá hechos históricos que recién entonces asumirán una merecida visibilidad. De continuar una labor similar, la historia y la identidad nacionales se enriquecerían, sabiendo debatir con los chauvinismos centralistas y con los de origen regional o local.
Si el proceso de descentralización del Estado avanza según lo previsto, los gobiernos regionales deberán hacerse cargo de la instrucción de los niños y jóvenes de sus lugares.
Esto los pone ante el desafío de mejorar la calidad y la equidad educativas, objetivos que incluyen conocer y enseñar la propia historia como parte de la historia nacional y mundial.
La publicación reseñada contiene, también por esto, una iniciativa que tiene un buen futuro.