| Mié. 30 abr '08

Qué cultivar, cómo y para qué

El fuerte incremento de precios de los alimentos replantea el modo de asegurar su provisión mundial y nacional, sobre todo en los países pobres o medianamente pobres.

Según información de la FAO citada en El País de España (29-4-2008), "en el último año, el trigo se ha encarecido un 130%, el arroz un 74%, la soja un 87% y el maíz un 53%". El artículo

recoge la opinión de Jean Ziegler, relator de la Organización de las Naciones Unidas para el Derecho a la Alimentación, quien califica como "una auténtica tragedia" el mencionado incremento porque pone a millones de seres humanos al borde del colapso alimentario. El funcionario responsabiliza al fuerte aumento de la producción "de biocarburantes, a las políticas aberrantes del Fondo Monetario Internacional y a la especulación".

Para Ziegler, la esencia del problema es que se están alentando los cultivos de exportación en aras de reducir la deuda externa, a costa de la agricultura de subsistencia.

El alza comentada cuestiona la política promovida en el Perú por el presidente Alan García, quien pone énfasis en la necesidad de desarrollar la gran inversión para aumentar sustantivamente las exportaciones. Por eso el mandatario, al tiempo que promueve la gran propiedad en la agricultura, centra el blanco en los pequeños y medianos productores y los califica de "perros del hortelano".

El país carece de una política sistemática que potencie -de acuerdo con las particularidades territoriales- la producción agrícola para el autoconsumo, así como para los mercados locales y regionales. Una producción que, precisamente, está en manos de los campesinos que estorban al presidente y que hoy se evidencian como indispensables para garantizar la producción de los alimentos que la población necesita.

La seguridad -y la soberanía- alimentaria solo se puede conseguir, como señala el especialista en asuntos agrarios Fernando Eguren, si los gobiernos tienen una "mayor autonomía para definir sus políticas agrarias y alimentarias", y si la producción doméstica puede "proveer lo sustancial de las necesidades alimentarias de toda la población (.) Esto no significa autarquía ni aislamiento de los mercados, sino gestión de los mercados en función de los intereses nacionales (.) Es casi lo mismo que han hecho los europeos en los últimos sesenta años".

La inflación ya se ha hecho sentir, y se sabe que el principal factor es el alza del precio de los alimentos, que -como también se sabe- golpea, en especial, a los más pobres. No se trata de negar los beneficios de la producción agroexportadora, pero cometer el error de centralizar en ella el esfuerzo del Estado y menospreciar la producción para el mercado interno podría tener consecuencias nefastas. Advertidos estamos.




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