La V Cumbre de jefes de Gobierno y Estado de América Latina, el Caribe y la Unión Europea deja, por varios motivos, un saldo positivo para el Perú.
La Declaración de Lima y las conclusiones de las mesas de trabajo son positivas porque, no obstante las grandes diferencias de enfoque en América Latina, se coincidió en la relevancia de las políticas públicas para combatir a la pobreza y la desigualdad, y proteger el ambiente, como complementos indispensables del crecimiento económico. Esto implica la articulación armoniosa de los papeles del Estado y del mercado. La diferencia entre las naciones exitosas y las fracasadas depende de la calidad con que se realice esta tarea.
No se puede ser ingenuo, sin embargo, pues casi siempre estas cumbres terminan con declaraciones pomposas y discursos vigorosos que poco después se los lleva el viento y no aterrizan en nada concreto. Ya se verá.
Mientras, el Perú sí obtuvo beneficios reales por su papel de anfitrión. En primer lugar, la Declaración de Lima abre las puertas para que se pueda avanzar en la negociación individual de un TLC con la UE si es que -como es obvio que ocurrirá- se mantienen las diferencias de enfoque en el interior de la Comunidad Andina.
Asimismo, el Perú se proyectó como un país que, a pesar de sus grandes problemas, está avanzando y tiene claridad de por dónde quiere ir. Los discursos del presidente Alan García fueron fundamentales para ello, y lo mostraron como un líder moderno y con gran habilidad para el manejo político de una reunión complicada por el pleito Chávez-Correa-Uribe. También fue positivo que, junto con la ALC-UE, se desarrollara la otra cita -la de los pueblos- pues nos muestra como un país que tolera la discrepancia.
Ojalá la intervención política del presidente García tuviera el mismo espíritu en el plano local, para no dejar la impresión de solo ser un candil de la calle.
En lo formal, fue muy satisfactoria la capacidad de organización de un gran evento mundial a pesar de los problemas generados a la ciudadanía.
Finalmente, esta V Cumbre ALC-UE nos debe haber servido para valorar adecuamente la importancia de fortalecer la vinculación con Europa, y para no considerarla la más fea del baile.