| Dom. 01 jun '08

Derrotistas, deprimidos, ratones

Por lo general, los que saben ganar elecciones, no gobiernan bien, y los que podrían gobernar con eficiencia y honestidad, no ganan elecciones.

El presidente Alan García está eufórico en los últimos días. Su espectacular patinazo al proponer al Perú como sede de las Olimpiadas 2016 no lo ha desanimado. Tampoco le ha infundido una mínima dosis de prudencia. Menos de autocrítica.

Al contrario, lo ha impulsado a una huida hacia adelante, esta vez, proponiendo al país como sede de las Olimpiadas 2020, otra impresionante patinada. Los entendidos en el asunto han tenido que corregirlo discretamente. Primero, el que postula no es un país sino una ciudad. Tendría que pedirlo el alcalde de Lima, en este momento ocupado en la destrucción de pistas en la capital.

Segundo, habría que haber realizado antes un evento importante, como los Panamericanos, cosa que el Perú no ha hecho. Tercero, para lo anterior habría que tener un plan de inversiones, cosa que, por supuesto, no existe.

En conclusión, es imposible también postular a las Olimpiadas 2020. Al momento de escribir estas líneas, el presidente todavía no ha lanzado la idea de pretender la sede en 2024, pero nada puede descartarse.

POLÉMICA.

Las descabelladas ideas del presidente han dado lugar a un curioso debate. Algunos sostienen que no está mal tener ideas grandiosas, aunque sean irrealizables.

La mayoría opina que divulgar propuestas insensatas a cada momento no solo desacredita la institución presidencial, sino que no contribuye a levantar la alicaída moral nacional. Por el contrario, refuerza la negativa imagen de república bananera.

En otras palabras, lo que sostienen los críticos es que la autoestima nacional no va a mejorar si nos damos cuenta de que hemos elegido a un presidente desatinado, imprudente, extravagante, para no usar los términos ofensivos tan populares en su primer gobierno.

Para ser justos, hay que reconocer que alguna de las propuestas presidenciales es interesante. Por ejemplo, transformar la antipatía y envidia a nuestros vecinos del sur en un más constructivo ánimo de competencia y superación.

Eso está bien pero, por desgracia, pronto el entusiasmo presidencial se desboca y aparece proclamando que vamos a superar a Chile en 2015, meta claramente inasequible.

NO UNA SINO MUCHAS IDEAS.

Desde el primer día de su mandato, Alan García empezó a lanzar ideas que se le ocurrían en la soledad de su aposento, las cuales, por supuesto, no consultaba con nadie, porque él no tiene mucha estima ni aprecio por sus colaboradores cercanos.

Así, la olímpica patinada no ha sido la primera ni, probablemente, será la última. Por desgracia, algunas de las ocurrencias presidenciales tienen efectos muy negativos para el país. Una relación, muy incompleta, es la siguiente:

- Reducción de sueldos a los funcionarios públicos. Esa es una idea que, lamentablemente, sí pudo poner en práctica, con resultados extraordinariamente nocivos. Ahora ya el premier Jorge del Castillo anunció que retrocederán. No se sabe cuándo ni cómo.

- Venta del avión presidencial para construir un hospital. No pudo hacerlo. Nadie quiso comprar la nave. Peor aún, ahora el presidente viaja en avión privado que le presta algún amigo empresario, como ocurrió en su último desplazamiento a Brasilia para la reunión de Unasur.

- Bombardear las pozas de maceración de pasta básica de cocaína con aviones A37. La orden presidencial, impartida públicamente al obediente ministro del Interior, no ha podido ser cumplida hasta ahora. No solo porque ese ministerio carece de esos aviones, sino porque es imposible hacerlo. También ya pasaron al olvido las conferencias de prensa quincenales que le ordenó el presidente a Luis Alva Castro para informar de los avances de la lucha antidrogas.

- Eliminación de la publicidad estatal. Promesa del primer día, largamente incumplida después. Hoy día la publicidad estatal es abrumadora, superando holgadamente la del anterior gobierno en el mismo período.

- Transferir la Empresa Nacional de la Coca al gobierno regional del Cusco. Intríngulis que ninguno de sus ministros pudo desentrañar ¿cómo hacer que una empresa nacional dependa de un gobierno regional? No pasó nada.

- Creación del Pacto Social. Simplemente se evaporó, aunque su jefe y organizador fue nombrado con gran ceremonial.

NO VAN JUNTAS.

Algunos se preguntan cómo un político hábil y un gran orador como Alan García -lo recordó hace poco José Luis Rodríguez Zapatero en Lima-, puede cometer tantos desatinos.

El asunto es que las personas creen que las cualidades van juntas. Es decir, si alguien habla bien, si tiene capacidad de persuasión, al mismo tiempo debe tener otras habilidades. Ser un buen gobernante, por ejemplo.

CRASO ERROR.

Las destrezas o mañas para ganar una elección no necesariamente van acompañadas de las cualidades para gobernar. Ni viceversa.

Un ejemplo reciente es el de Valentín Paniagua. Llegó al poder en circunstancias excepcionales e hizo un gobierno razonable, discreto, honesto y eficiente. Sin embargo, en las elecciones de 2006, Paniagua alcanzó un ínfimo porcentaje de votos.

En suma, es muy difícil encontrar un político que reúna múltiples atributos. Por lo general, los que saben ganar elecciones no gobiernan bien, y los que podrían gobernar con eficiencia y honestidad no ganan elecciones.

CONSUELO.

Otra de las características de la exaltación que arrebata al presidente García en estos tiempos es que ataca e insulta a todos los que no están cien por ciento de acuerdo con él. Algunos que lo apoyan solo al noventa y cinco por cien han sido también blanco de sus iras.

Así, los que no creen que Lima será sede de las Olimpiadas 2016 ó 2020 son derrotistas, deprimidos y ratones, entre otros epítetos del actual vocabulario presidencial.

La deprimente y derrotista conclusión de esta situación es que el problema no tiene arreglo. El presidente es elegido por cinco años, no se puede ni sería conveniente cambiarlo, y él no va a cambiar.

Tampoco existen en el Perú instituciones que puedan controlarlo. Ni su partido, ni el gabinete ministerial, ni el Congreso, ni la oposición -que no existe-, ni nadie pueden mesurar sus exabruptos.

No cabe entonces sino la más completa resignación cristiana, y esperar que en 2011 no nos toque algo peor. El consuelo es, por supuesto, que García sí ha cambiado sus ideas sobre la economía y hoy adhiere al libre mercado, lo cual ha permitido que el Perú continúe creciendo.




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