La Policía no se dio abasto. En Chincha, Pisco e Ica, la situación de inseguridad llegó al límite, en medio del dolor por los 650 muertos y los 1,200 heridos, demoledor saldo del terremoto del miércoles. Mientras la tierra temblaba -a las 21:52 p.m, por una fuerte réplica de 4.8 grados-, decenas de hampones con pistolas, escopetas e incluso hachas desataban el terror en varios puntos de la zona devastada. Incluso, según reportes hasta las 11 y 30 p.m., los delincuentes no dudaron en robar hasta medicinas del hospital San José de Chincha y una carpa de Essalud. Se trataba de fármacos que habían llegado durante la mañana.
"Estamos tratando de protegernos. Hasta ahora no percibo la presencia de la policía. Los vándalos han venido a saquear. Se escuchan disparos.", declaró, desesperado el padre César Medina, encargado del Seminario de San Martín de Porres de Ica, donde se alojan representantes de Cáritas. Medina informó que varios miembros de la organización benéfica también habían sufrido asaltos en los restaurantes del centro de la ciudad.
Increíblemente, el ministro del Interior, Luis Alva Castro, señaló por la noche que no había denuncias concretas de los robos. Consideró que podría tratarse de "terrorismo blanco" y minimizó los hechos, pese que muchos de los reportes, a través de la radio, fueron brindados por personas que se identificaron plenamente con su número de DNI. Incluso, dieron cuenta de las direcciones precisas para que la Policía se hiciera presente.
Con serenidad, Alva Castro escuchó a una oyente de RPP que le increpó por su actitud fría ante el drama desatado por el enfrentamiento entre damnificados y delincuentes. El titular del sector le pidió que sentara la denuncia en la comisaría, o en algún establecimiento oficial. Insistió en que "era extraño" y que no entendía por qué la gente denunciaba estos sucesos "por la radio. Tienen que ir a la comisaría más cercana". Parecía haber olvidado que muchos afectados no pueden abandonar sus devastadas casas, pues allí se encuentran las pocas cosas que les quedan. "No entren en pánico. Estamos trabajando en todas las calles", pidió el ministro.
Horas antes, el presidente Alan García había declarado: "Hemos visto grupos de muchachos y barras bravas. Todavía no quiero utilizar la fuerza con toda energía, se están entregando los alimentos y el agua. Pero aquellos que quieran aprovechar del río revuelto, van a encontrar que el Estado apoya y también pone orden".
AL MIEDO.
En la localidad de Sunampe, en San Ignacio, a la entrada de Chincha, desconocidos propagaron la noticia de un terremoto y un tsunami que azotaría la ciudad en las próximas horas, con la finalidad de que los pobladores abandonen sus casas y sus cosas. El km 201 fue tomado por hampones - presuntamente fugados del penal de Tambo de Mora- que bloquearon el tránsito vehicular. La oscuridad por la falta de energía eléctrica agrava la situación. Desde las nueve de la noche, decenas de pobladores que sobrevivieron al terremoto, tuvieron que protegerse de balazos disparados por los malhechores a diestra y siniestra.
INDIGNANTE.
La pesadilla comenzó desde temprano en Ica, Pisco y Chincha. El pedido de ayuda de cientos de damnificados que reclamaban celeridad en la entrega de víveres, agua y frazadas se escuchó con fuerza en los caseríos del sur, hasta donde las autoridades nunca llegaron.
Las toneladas de donaciones realizadas por gobiernos extranjeros, instituciones religiosas y empresas se concentraron en el corazón de las ciudades. Muchos caminaron largas horas para acceder a la ayuda. En algunos casos, no recibieron nada.
La reacción violenta no se hizo esperar. Algunos saquearon los negocios que permanecían en pie. Farmacias, centros comerciales y camiones con donaciones fueron vaciados literalmente por turbas de lugareños.
En tanto, en el estadio municipal José Picasso Peralta, los iqueños hicieron largas colas para recibir una botella de agua de dos litros y medio por persona. Se esperaba la llegada de alimentos y carpas. Todo resultó insuficiente. Decenas tuvieron que dormir en la vía pública.
San Clemente, en la entrada a Pisco, se convirtió en el punto principal del vandalismo. El gran tráfico originado en el puente Huamaní por la destrucción de la carretera, incrementó la inseguridad. Furgones repletos de carpas, alimentos y agua fueron saqueados. Grupos de pobladores dispuestos a todo vagaban por los alrededores en busca de comida y agua.
A pesar de que el Gobierno dispuso alerta máxima y envió a las Fuerzas Armadas a reforzar las labores de resguardo, la falta de energía eléctrica hizo imposible frenar los atracos.
En tanto, en la ciudad, se formó un Comité Operativo de Emergencia para prevenir epidemias por la cantidad de basura y desperdicios. La falta de baños, la cantidad de muertos y la basura acumulada habrían hecho de Pisco un lugar al borde de la emergencia sanitaria.
TENSIÓN.
Por la mañana, el ministro del Interior, Luis Alva Castro, se confrontó con la indignación de los afectados. Ocurrió mientras entregaba más de 600 bidones de agua, en el distrito pisqueño de San Clemente, donde no hay luz, agua ni alimentos. La repartición se hizo en medio de un clima de tensión, pues los pobladores mostraron en más de una oportunidad su rabia con lo que ellos consideraban una reacción lenta del Gobierno ante las consecuencias del fuerte sismo.
"Los pobladores tienen que tener la tranquilidad de que la ayuda les va a llegar. El Estado está tomando todas las medidas en el tema de salud, educación y vivienda", aseguró el titular del Interior.
LA ORGANIZACIÓN OFICIAL.
Quizá tomando nota de las críticas a la desorganización inicial para la distribución de las donaciones, el premier Jorge del Castillo anunció ayer por la mañana la conformación de la Mesa de Coordinación que se encargará de distribuir los donativos que serán enviados por la comunidad y organismos internacionales. El grupo de trabajo será encabezado por Agustín Haya, director ejecutivo de la Agencia Peruana de Coordinación Internacional (APCI), quien explicó a
Perú.21
que las donaciones serán reportadas directamente al premier Del Castillo y la distribución se hará en coordinación directa con Defensa Civil.
Sin embargo, aunque la conformación del grupo liderado por Haya es una medida acertada por parte del Gobierno, al cierre de esta edición (48 horas después del terremoto) las quejas de los damnificados que residen en las zonas alejadas del centro de las ciudades afectadas no cesaban.
Desde Ica, las declaraciones de la ministra de Justicia, María Zavala, pidiéndoles que se dirijan al casco urbano para ser socorridos, exaltó los ya alterados ánimos.
"Hay cuatro o cinco puntos donde deben concentrarse los damnificados de Pisco: La Villa Túpac Amaru, la Alameda, el Parque Zonal y el Estadio Municipal. (...) Los pobladores de San Clemente deberán trasladarse a uno de estos puntos", explicó la titular de Justicia, quien fue inmediatamente replicada por una pobladora de esa zona quien a través de RPP Noticias le aclaró que "viajar de San Clemente a Pisco toma 20 minutos en carro. ¡Hay gente en la intemperie sin poder movilizarse! ¡Cómo van a ir a pie con niños y ancianos!".
Aunque ya se ha asegurado ayuda del exterior valorizada hasta en 10 millones de dólares, además de los 300 mil dólares en carpas y frazadas enviadas por Japón, conforme señaló Haya a este diario, el gobierno parece no darse cuenta de que la centralización en la distribución de estos donativos espera una solución inmediata.
INCOMPRENSIBLE.
Y si bien el mandatario -quien ayer por segundo día continuó con la inspección en Ica- aseguró a la prensa que "nadie morirá de sed ni de hambre en Perú", el administrador judicial de la Cruz Roja Peruana Luis Machuca confirmó que la ayuda no está llegando a los asentamientos humanos ni a los pueblos alejados.
El representante de esta organización dijo que están "realizando un empadronamiento de aquellas familias cuya situación es más vulnerable y luego de esto se procederá a alcanzar la ayuda", y lamentó que no se haya nombrado a un equipo coordinador para canalizar el auxilio.
Horas después el mandatario, incomodado por las preguntas sobre este punto, dijo que "hay gente que se queja y dice no me dan nada. Señores, hay nueve puntos donde se está distribuyendo alimentos y agua, deben trasladarse". Y a renglón seguido habló sobre el plan de acción elaborado por el Gobierno para afrontar este siniestro, el que está dividido en tres etapas: "la primera fue rescatar a las víctimas y enterrar a nuestros muertos. La segunda fase es un sistema de distribución de alimentos y agua, y la tercera consiste en la reconstrucción de Ica, Pisco y Chincha". Lamentablemente, la pregunta sobre cómo harán los pobladores para trasladarse junto a su familia desde estas zonas alejadas hasta el centro de la ciudad, quedó sin respuesta.
Así, mientras la ayuda nacional e internacional sigue llegando -la última consistente en 20 toneladas de medicina y alimento y abrigo enviadas desde Chile- conforme pasan las horas se descubren debilidades en el plan de acción que deberían ser urgentemente atendidas.
LA ESPERA.
El presidente Alan García insistió en que no había forma de llegar a todas los damnificados que se encuentran en las zonas alejadas de la ciudad y anunció que hoy el Gobierno mandará a imprimir 300 mil volantes para informar a la población en dónde se ubican los 13 centros de distribución. El jefe de Estado anunció también que el Ejecutivo hará hoy una compra grande de alimentos en la capital, para trasladarla a las zonas afectadas, y pidió a empresas y personas que donen productos para bebés y niños, que son los que más vienen padeciendo.
*Con los reportes de Mariella Sausa y Luis García.