Se confirmó la sospecha. El sujeto asesinado el martes en el Kentucky Fried Chicken (KFC) de San Borja era un colombiano que había llegado a nuestro país hacía cuatro meses, según su récord migratorio.
Se trataba de Jaime Enrique Caballero Pulgarín (35), natural de Bogotá. Al menos, había visitado diez veces el Perú -en algunas ocasiones ingresó por la frontera ecuatoriana- en los últimos dos años. Hasta el martes, su participación en una mafia ligada al narcotráfico no había sido probada.
Sin embargo, por la modalidad que emplearon para liquidarlo -con un certero balazo disparado con silenciador, en un lugar lleno de gente-, la Policía continúa investigando el caso como un probable ajuste de cuentas entre gente ligada a las drogas.
El hombre fue identificado por Verónica Aponte Rubianes (29), su ex pareja, también de nacionalidad colombiana. La mujer lo reconoció al ver las noticias y, de inmediato, llamó a su teléfono celular, el cual estaba en poder de las autoridades.
Según dijo, ella desconocía las actividades que desempeñaba Caballero en el Perú. Ayer acudió a la Dirincri a declarar. Hasta el cierre de esta edición, continuaba en la sede policial.
FUERON DOS.
Tres grupos de detectives de la División de Homicidios han sido asignados al caso. Las primeras pesquisas han determinado que el crimen habría sido perpetrado por dos personas. Se trataría, sin duda, de asesinos a sueldo.
Al menos uno de ellos sería de nacionalidad peruana. La Policía maneja ya el nombre del posible conductor de la motocicleta que usaron los sicarios para huir. La identidad no fue revelada, pero trascendió que se trataría de un hampón del Callao ligado a narcos afincados en la selva.
En tanto, el autor del disparo ha sido descrito como un sujeto moreno, alto y de contextura gruesa. Llevaba una gorra deportiva color rojo. Por la pericia con la que actuó, los agentes no descartan que el homicida sea un extranjero contratado especialmente para este trabajo.
No obstante, la Policía investiga a Junior Berrios Vílchez (22), Sicario Junior, detenido ayer en el Callao, considerado como un profesional del crimen. Se le atribuyen 16 asesinatos.
Las primeras versiones dan cuenta de que Caballero habría sido citado al KFC para arreglar una deuda que, al final, terminó pagando con su vida.
La Policía sospecha que todo habría sido planificado pues en el establecimiento no había cámaras de seguridad. En las próximas horas, los detectives citarán a los empleados del restaurante y a algunos testigos para elaborar los identikit de los homicidas.