| Dom. 23 sep '07

Fujimori pasó su primera noche en Perú detenido

A las 5:12 de la tarde, los peruanos vieron por televisión a un hombre, de cabello entrecano y vestido con un sobretodo negro, introducirse en una camioneta negra y dejarse llevar a una instalación policial situada en los terrenos del ex fundo Barbadillo. La imagen duró unos pocos segundos, pero bastó para que quienes habían perdido toda esperanza en la justicia y veían lo que ocurría en las últimas horas como un sueño demasiado bueno para ser verdad, levantaran los brazos y gritaran (o musitaran o pensaran): "Finalmente, responderá ante la justicia".

A esa hora, el extraditado Alberto Fujimori culminaba una travesía de más de 10 horas desde Santiago de Chile y cumplía el lema de sus seguidores, que solo unos meses antes todavía se animaban a corear "Eeé, eeé, porque el Chino va a volver..." El Chino había vuelto al Perú, finalmente. Pero en calidad de detenido, custodiado por cientos de efectivos policiales y militares y sin poder escuchar siquiera los lemas de sus huestes, que se habían quedado esperándolo al otro lado de la ciudad para darle la bienvenida.

A él, que cuando se fue ni siquiera se despidió dignamente.

LE SIGUE LOS PASOS.

Fujimori fue recluido en un grupo de ambientes dentro de la sede de la Dirección de Operaciones Especiales (Diroes) de la Policía Nacional, en Ate Vitarte, que ayer recibieron oficialmente el título de Establecimiento Penitenciario Transitorio Barbadillo.

Lo que son las cosas: el 25 de julio de 2001, luego de ser traído por la fuerza desde Venezuela, Vladimiro Montesinos también había sido internado temporalmente en esas instalaciones. Seis años y tres meses después, su socio en el poder transitó por los mismos vestíbulos y pasillos. Y allí, probablemente, comenzó a hacerse la idea de que pasará su vejez en la soledad de una celda vacía.

DEVUELTO.

Para Fujimori, el viaje desde Chile no empezó tan mal como terminó. Como estaba previsto, el ex presidente dejó la hacienda Chicureo a las 6:40 de la mañana (hora peruana), a bordo de un helicóptero que lo trasladó al aeropuerto internacional de Santiago. Allí fue puesto en manos de las autoridades peruanas, con el director de la Policía, David Rodríguez Segeu, a la cabeza. A partir de ese momento ya no tenía escapatoria.

La aeronave que partió de Santiago -el Antonov 227, de fabricación ucraniana- tuvo que hacer una escala técnica en Antofagasta antes de arribar a suelo peruano. A la 1:20 de la tarde, llegó al aeropuerto Carlos Ciriani, de la ciudad fronteriza de Tacna. Un acontecimiento histórico como aquel no generó demasiadas emociones en la Ciudad Heroica. Apenas un puñado de fujimoristas hicieron algo de bulla en las afueras del aeródromo.

Sin embargo, en la escala en Tacna surgieron las primeras sospechas de que a Fujimori no le estaba sentando nada bien la travesía, cuando los reporteros vieron cómo la tripulación subió a la nave un balón de oxígeno y varias frazadas. Mientras, en Lima, el congresista Carlos Raffo propaló la versión de que a su líder se le había bajado la presión durante el vuelo.

INCERTIDUMBRE.

En Lima, el periodismo estaba dividido, pero no porque unos apoyaran a Fujimori y otros lo criticaran, sino porque los equipos de prensa se habían tenido que distribuir entre la sede de la Dirección de la Policía Aérea (DIPA), en el Callao, y la Base Aérea Las Palmas, en Surco, debido a que ninguna autoridad quería confirmar dónde aterrizaría el avión policial.

Los fujimoristas, siguiendo los rumores más insistentes, desplazaron a su gente a los exteriores de la DIPA, donde trataron de armar un ambiente de fiesta. Pero cuando, alrededor de las 4:30, la aeronave pasó por encima de la base policial y siguió de largo, los Raffo, Moyano y Cuculiza debieron sentir que alguien les estaba arruinando la celebración a propósito.

La llegada del detenido a Las Palmas y su traslado a la Diroes fueron manejados por el ministro del Interior, Luis Alva Castro, con exagerado pudor y con una rigurosidad que ya se hubiese querido a la hora de comprar patrulleros. De Fujimori apenas se pudo ver la espalda y la nuca cuando bajó del helicóptero que lo llevó al ex fundo Barbadillo. En ese momento se notó que llevaba las manos libres.

DIPLOMACIA.

El saludo con Alva Castro fue cortés pero breve. "Buenas tardes, señor Fujimori", fue la frase de bienvenida que utilizaron el ministro y su colega de Justicia, María Zavala, según testigos presentes, los mismos que observaron que ninguno utilizó el título de "presidente" con que se suele nombrar a los ex jefes de Estado. El extraditado, con su sequedad usual, respondió: "Buenas tardes, señores ministros".

En la Diroes, el ex mandatario fue sometido a un chequeo médico por parte del equipo del Instituto de Medicina Legal encabezado por el médico Luis Bromley. Fuentes de

Perú.21

aseguraron que nuevamente se le bajó la presión y que pidió que lo llevaran a una clínica privada. Luego de ser atendido por los especialistas, las autoridades decidieron que no era necesario. Dos ambulancias permanecieron en los exteriores del local por si se presentaba algún inconveniente.

Al cierre de esta edición, al hombre del sobretodo negro le seguían tomando sus generales de ley en la que será su residencia durante las próximas tres semanas. Excepto por las autoridades y efectivos implicados en su traslado, desde que había cruzado la frontera ningún peruano le había visto la cara todavía.




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