1. ESTÁ INHABILITADO.
Está suspendido como dirigente por el Consejo Superior de Justicia Deportiva y Honores del Deporte del IPD y el Gobierno no lo reconoce, pues la Superintendencia Nacional de Registros Públicos (Sunarp) rechazó su solicitud para inscribir sus nuevos estatutos al desconocerlo como presidente de la FPF, cuya misma normativa (artículo 40, inciso C) prohíbe que sea miembro del directorio aquella persona que se encuentre con una sanción en trámite. Su afán de reelegirse demoró un año las elecciones y retrasó las decisiones correspondientes a la eliminatoria rumbo a Sudáfrica 2010. Su presencia en la FPF volverá a enfrentar al IPD y a la FIFA, poniendo al fútbol peruano nuevamente en peligro de inhabilitación.
2. EL PUEBLO NO LO QUIERE.
Según las últimas encuestas, cerca del 90% de los hinchas desaprueba su gestión y no lo quiere al frente de la FPF. Tamaño rechazo popular contamina también la relación entre el público y su selección, y cualquier proceso que se inicie correrá el riesgo de quebrarse en cuanto lleguen dos derrotas seguidas, provocando incluso que los jugadores del extranjero amenacen con no venir más. La Federación necesite un nuevo líder, que genere confianza, y al que la afición le tenga la paciencia necesaria para trabajar verdaderamente a largo plazo.
3. POR SUS MALOS RESULTADOS.
Desde que ingresó a la Federación -en 1992-, primero como efímero presidente (duró 35 días hasta que renunció por lo que él denunció como intromisiones políticas), luego como miembro del directorio de Nicolás Delfino (1992-2002) y, finalmente, como mandamás desde 2002, no se ha conseguido ningún resultado deportivo destacable y, hasta la aparición de los llamados jotitas (su caballito de batalla), casi la totalidad de selecciones menores se despidieron de los torneos sudamericanos en último lugar y muchas veces sin sumar un solo punto, pese a contar en el camino con jugadores como Solano, Pizarro, Farfán o Guerrero. Además, su cercana amistad con los altos miembros de la FIFA, aquellos que lo defienden a capa y espada, le permitió conseguir la organización del Mundial Sub 17 en 2005, en el que Perú fue eliminado en primera ronda. Para ese torneo aceptó jugar en canchas sintéticas -no se ha vuelto a disputar ningún mundial en esos campos- y dejó a la selección mayor sin su principal escenario.
4. NO CUMPLIÓ SUS PROMESAS Y HACE LO QUE LE DA LA GANA.
Prometió formalizar el fútbol peruano y acabó convirtiéndolo en el reino de la informalidad. Los campeonatos siguen siendo chichas y desde que está como presidente no se sabe cómo acabarán, porque muchas veces los puntos terminan decidiéndose en mesa. Prometió mano dura contra los deudores, clubes con canchas propias y torneos paralelos de divisiones menores, pero nada de eso se cumplió. Más bien, Burga acabó dando una vergonzosa amnistía para salvarle la categoría al Sport Áncash, asegurándose así el apoyo incondicional de un dirigente (José Mallqui) que fue suspendido por intento de soborno por la misma FPF que él integró. Además, no sancionó irregularidades flagrantes como la de Klide Vega (uno de sus directores falseó la categoría de deportista calificado de su hijo), los dobles contratos de Freddy Ames o los cheques falsos en la ADFP.
5. PORQUE ES UN FANTASMA Y UN DICTADOR, NO UN LÍDER.
Siempre hace todo a escondidas y nunca da la cara ni siquiera para confirmar, con hombría, que postulará a una reelección. Se pasó más de un año deshojando supuestas margaritas y anunció su candidatura pocas horas antes del cierre del plazo. Por cierto, lo hizo en su programa radial oficial, el único medio donde puede hablar a sus anchas, evitando cualquier debate alturado o cualquier pregunta incómoda que le quite piso. No hace falta, porque el sistema electoral que se estableció desde que él está en la FPF le permite reelegirse con el apoyo de las federaciones departamentales (son 25 en total), a cuyos presidentes alojará en la Videna antes de la votación. No le importa que no represente a nadie y que los clubes más serios del fútbol peruano (Alianza, la U, Cristal, Boys, San Martín y Bolognesi) le hayan dado la espalda. Burga se empeña en manejarlo todo con aires dictatoriales, con mandatos debajo de la mesa -¿se acuerdan del cuadrangular que armó y que le impidió a Boys ir a la Copa?- y amparándose en videnitas para justificar su reinado, haciendo recordar épocas recientes de la historia nacional que ningún peruano honesto quiere volver a repetir.