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| Dom. 13 ene '08
Entrevista.21
"Manos morenas gloriosas que merecen punto", dice la inmortal canción de José Escajadillo. Pero aquella noche del lunes 7 la letra parecía estar más inspirada en lo que el equipo venezolano hacía en el Coliseo Dibós. Cenaida Uribe estuvo en la tribuna junto a su pequeño hijo Alejandro, quien hoy (sábado) está inquieto porque quiere una hamburguesa. Y enciendo la grabadora.
¿Cómo se siente? Se ha preocupado en recibirnos maquillada y la veo bien.
(Ríe) ¿Cómo me siento? Pues bien. Mi vida ha dado un vuelco. Ahora estoy en la política y hay que cuidarse. Por eso estudio Derecho en la Universidad San Martín y ya voy en tercer ciclo.
¿Y dónde vio la final del preolímpico?
En el coliseo, obvio. Fui primero para la inauguración y vi a Venezuela contra Uruguay. Y no me sorprendió.
¿No le sorprendió Venezuela?
No. Me pareció un buen equipo, pero pensé que el Perú le iba a ganar en la final con cierta dificultad. Pero nos llevamos la gran sorpresa.
¿Y cuándo se dio cuenta de que Venezuela era superior?
Después del primer set de la final. Esas venezolanas estaban súper ágiles, recontra pilas, concentradas. Nuestras chicas ganaron los dos sets por garra, pero no porque éramos mejores.
El Perú no fue un equipo sino una suma de individualidades.
Claro, tú no puedes pensar en clasificar a una olimpiada cuando tienes a las chicas siete días antes. Imposible. El presidente de la Federación quiso tener el dinero para traer a los equipos más fáciles y poderles ganar. Esa era la idea. Por ejemplo, si Bolivia no venía, llegaba República Dominicana y nos ganaba. Lo que hace él es traer a Bolivia y a Paraguay para poder ganar.
Sorprende que se permita hacer eso.
Eso no se hacía antes. Todo ha cambiado tanto. Antes se hacía un Sudamericano y clasificaban dos. Suficiente.
En ese sentido, ¿no se parece el vóley al fútbol en el plano dirigencial?
Algunos dicen que (César) Vértiz es el Burga del vóley, pero él ya ha tenido problemas con el tema de la elección en la Federación. Es como un tipo de mafia. Yo converso con él, pero no me puedo quedar callada.
¿Y hay una mafia en la Federación?
Sí, claro. ¿Cuál es el interés de seguir en una federación en la que dicen que están trabajando por el deporte y es ad honórem? Si entra dinero, no se le rinde cuentas a nadie. Y no se le da prioridad a las divisiones menores.
¿Cuánta responsabilidad tiene el DT brasileño Enio de Figueiredo?
Algunos dicen que hablaba y no se le entendía, pero en realidad había poco qué decir. No es un problema de lengua porque el señor tiene mucha experiencia. Tiene los años de Man Bok (Park).
Y siempre perdía ante Man Bok.
Así es (ríe). ¡Nosotras le ganábamos a él! Pero insisto en que no es un tema de lengua, porque cuando tú hablas en portugués, cosas como el bloqueo o la defensa se entienden igual. Pero, claro, a la gente el portuñol le suena raro. Yo voltearía la página y comenzaría a buscar un entrenador más joven.
¿Es Natalia Málaga la indicada?
Yo soy de las que he dicho que Natalia es una de las futuras entrenadoras de la selección. Claro, si se controla emocionalmente, porque Natalia es muy fosforito. Tiene que controlarse porque el asistente debe darle tranquilidad al entrenador. No te puedes pelear con él en la banca.
La vio algo descontrolada en la final.
Yo creo que sí. Como que no controló muy bien sus emociones. Terminaron peleados y eso no se puede hacer. El asistente debe ayudar al entrenador y no ponerlo más nervioso.
¿Aún no es conveniente que sea entrenadora de la selección?
Al inicio pensé que sí debía serlo, pero ahora creo que puede asumirlo más adelante. Le falta todavía. No es su momento. Es como el caso de Chemo (del Solar), quien es buenísima gente, pero le falta un poquito. Yo hablo mucho con Natalia. Incluso, hoy (sábado) las chicas van a venir a mi casa.
¡No me diga! Nos hubiera dicho eso para venir a su casa más tarde.
(Ríe) Esta noche van a venir Denisse (Fajardo), Carmen (Pimentel), Aurora y Sonia (Heredia), Gina (Torrealva) y quizá Rosa (García).
¿Y Natalia?
La llamé ayer, pero hablamos justo cuando estaba camino a la playa.
¿Se trata de una reunión especial?
No, siempre nos reunimos. Acostumbramos a hacerlo, menos con Gaby (Pérez del Solar) porque, bueno, ya...
¿Pero por qué no con Gaby?
Porque le decimos, pero a veces no va o no querrá. Pero con el resto de las chicas sí nos reunimos bien seguido.
Usted y Gaby, precisamente, tuvieron algunos altercados en la reciente campaña electoral al Congreso.
Claro, a raíz de eso, a raíz de eso...
Pero debería decirle que todo pasó.
Sí lo hago. Incluso la vez pasada nos fuimos a una pizzería y le dije: Por si acaso estamos en tal sitio, si quieres date una vuelta. Ah, ya, respondió.
Quizá le dolió que usted le dijera que ella era "la candidata del Regatas".
Yo no lo dije, lo dijo la prensa. Yo he jugado por el Regatas Lima. Sería absurdo que hubiese dicho algo así. A mí me da risa. Pero es un tema ya cerrado.
¿Debemos ir a Japón a jugar el preolímpico?
Ahhh... ¿Tú qué crees?
Yo soy tan tacaño que preferiría invertir los US$140 mil que cuesta la inscripción en las divisiones menores.
Sí, pues. ¡Gastar US$140 mil para no ganarle a nadie! Me parece perfecta tu posición. Si no le hemos ganado a Venezuela, menos vamos a ganarle a Japón, a Croacia y a República Dominicana. Hay que ser realistas.
Una pregunta algo retórica. ¿Cuándo mataron al vóley peruano?
Ahhh... después de las Olimpiadas de Seúl nos fuimos nueve jugadoras a Italia y lo que quedó detrás era muy poco. Ahí comenzó la crisis. Estamos hablando de 1990. No había semilleros. Ellos creen que las jugadoras van a durar toda la vida. No. Es un ciclo, es un proceso, termina y chau. Nos fuimos a Italia porque teníamos que comer. Qué rico es defender a tu país, pero no puedes vivir de eso. Terminas de jugar, ¿y qué haces? Aquí no nos daban ni un sol.
¿Por qué en la época de ustedes sí había dinero para mandarlas de gira?
Porque había una política de Estado y el apoyo era total. Cuando ganas te apoyan. Me he enterado después de que el 70% del presupuesto del IPD era para el vóley. Nos pagaban todo. Nos preparábamos de la mejor manera y podíamos competir. El Estado directamente apoyaba al vóley peruano y ojalá se diera eso otra vez. Y no solo el vóley. Hay 47 disciplinas que tenemos. Uno de los presupuestos más altos es el del vóley, pero no es suficiente.
El pequeño Alejandro interrumpe la entrevista. Ya olvidó la hamburguesa, pero ahora quiere que lo lleven al club a jugar fútbol. Le pedimos unos minutos más.
¿Le molesta que después de veinte años le sigan recordando aquel partido contra la Unión Soviética?
No me molesta, nos gusta (ríe). La gente nos lo recuerda hasta ahora. Y alucina que uno de los motivos por el que nos vamos a reunir hoy con las chicas es que estamos pensando hacer un partido a raíz de los veinte años de la final olímpica que es en setiembre.
Qué bueno. ¿Y jugarían contra las que conformaban la selección soviética?
Esa es la idea, pues.
Pero que venga Nikolai Karpol (el entonces entrenador de la URSS). Acá lo queremos mucho.
Seguro que lo queremos (ríe). Él está más vivo que nunca y ahora habla castellano encima (ríe). Estuvo entrenando en España, pues. Algunas de las chicas rusas de esa época han jugado también en España o en Italia y ya la comunicación es más fácil.
Oiga, ¿y se imaginó que la medalla de plata marcaría el inicio de la debacle del vóley peruano?
No, nadie se lo imaginaba. Fueron diez años maravillosos y no pensamos que al próximo todo iba a cambiar tanto.
Alejandro no aguanta más. Pide tiempo. Le dice a su madre que ya no quiere hacer gimnasia, sino jugar al fútbol. "Te mato si eres arquero", le responde ella en broma. Pero qué duda cabe. Un mate de Cenaida es para tomarlo en serio.
¿Cómo se siente? Se ha preocupado en recibirnos maquillada y la veo bien.
(Ríe) ¿Cómo me siento? Pues bien. Mi vida ha dado un vuelco. Ahora estoy en la política y hay que cuidarse. Por eso estudio Derecho en la Universidad San Martín y ya voy en tercer ciclo.
¿Y dónde vio la final del preolímpico?
En el coliseo, obvio. Fui primero para la inauguración y vi a Venezuela contra Uruguay. Y no me sorprendió.
¿No le sorprendió Venezuela?
No. Me pareció un buen equipo, pero pensé que el Perú le iba a ganar en la final con cierta dificultad. Pero nos llevamos la gran sorpresa.
¿Y cuándo se dio cuenta de que Venezuela era superior?
Después del primer set de la final. Esas venezolanas estaban súper ágiles, recontra pilas, concentradas. Nuestras chicas ganaron los dos sets por garra, pero no porque éramos mejores.
El Perú no fue un equipo sino una suma de individualidades.
Claro, tú no puedes pensar en clasificar a una olimpiada cuando tienes a las chicas siete días antes. Imposible. El presidente de la Federación quiso tener el dinero para traer a los equipos más fáciles y poderles ganar. Esa era la idea. Por ejemplo, si Bolivia no venía, llegaba República Dominicana y nos ganaba. Lo que hace él es traer a Bolivia y a Paraguay para poder ganar.
Sorprende que se permita hacer eso.
Eso no se hacía antes. Todo ha cambiado tanto. Antes se hacía un Sudamericano y clasificaban dos. Suficiente.
En ese sentido, ¿no se parece el vóley al fútbol en el plano dirigencial?
Algunos dicen que (César) Vértiz es el Burga del vóley, pero él ya ha tenido problemas con el tema de la elección en la Federación. Es como un tipo de mafia. Yo converso con él, pero no me puedo quedar callada.
¿Y hay una mafia en la Federación?
Sí, claro. ¿Cuál es el interés de seguir en una federación en la que dicen que están trabajando por el deporte y es ad honórem? Si entra dinero, no se le rinde cuentas a nadie. Y no se le da prioridad a las divisiones menores.
¿Cuánta responsabilidad tiene el DT brasileño Enio de Figueiredo?
Algunos dicen que hablaba y no se le entendía, pero en realidad había poco qué decir. No es un problema de lengua porque el señor tiene mucha experiencia. Tiene los años de Man Bok (Park).
Y siempre perdía ante Man Bok.
Así es (ríe). ¡Nosotras le ganábamos a él! Pero insisto en que no es un tema de lengua, porque cuando tú hablas en portugués, cosas como el bloqueo o la defensa se entienden igual. Pero, claro, a la gente el portuñol le suena raro. Yo voltearía la página y comenzaría a buscar un entrenador más joven.
¿Es Natalia Málaga la indicada?
Yo soy de las que he dicho que Natalia es una de las futuras entrenadoras de la selección. Claro, si se controla emocionalmente, porque Natalia es muy fosforito. Tiene que controlarse porque el asistente debe darle tranquilidad al entrenador. No te puedes pelear con él en la banca.
La vio algo descontrolada en la final.
Yo creo que sí. Como que no controló muy bien sus emociones. Terminaron peleados y eso no se puede hacer. El asistente debe ayudar al entrenador y no ponerlo más nervioso.
¿Aún no es conveniente que sea entrenadora de la selección?
Al inicio pensé que sí debía serlo, pero ahora creo que puede asumirlo más adelante. Le falta todavía. No es su momento. Es como el caso de Chemo (del Solar), quien es buenísima gente, pero le falta un poquito. Yo hablo mucho con Natalia. Incluso, hoy (sábado) las chicas van a venir a mi casa.
¡No me diga! Nos hubiera dicho eso para venir a su casa más tarde.
(Ríe) Esta noche van a venir Denisse (Fajardo), Carmen (Pimentel), Aurora y Sonia (Heredia), Gina (Torrealva) y quizá Rosa (García).
¿Y Natalia?
La llamé ayer, pero hablamos justo cuando estaba camino a la playa.
¿Se trata de una reunión especial?
No, siempre nos reunimos. Acostumbramos a hacerlo, menos con Gaby (Pérez del Solar) porque, bueno, ya...
¿Pero por qué no con Gaby?
Porque le decimos, pero a veces no va o no querrá. Pero con el resto de las chicas sí nos reunimos bien seguido.
Usted y Gaby, precisamente, tuvieron algunos altercados en la reciente campaña electoral al Congreso.
Claro, a raíz de eso, a raíz de eso...
Pero debería decirle que todo pasó.
Sí lo hago. Incluso la vez pasada nos fuimos a una pizzería y le dije: Por si acaso estamos en tal sitio, si quieres date una vuelta. Ah, ya, respondió.
Quizá le dolió que usted le dijera que ella era "la candidata del Regatas".
Yo no lo dije, lo dijo la prensa. Yo he jugado por el Regatas Lima. Sería absurdo que hubiese dicho algo así. A mí me da risa. Pero es un tema ya cerrado.
¿Debemos ir a Japón a jugar el preolímpico?
Ahhh... ¿Tú qué crees?
Yo soy tan tacaño que preferiría invertir los US$140 mil que cuesta la inscripción en las divisiones menores.
Sí, pues. ¡Gastar US$140 mil para no ganarle a nadie! Me parece perfecta tu posición. Si no le hemos ganado a Venezuela, menos vamos a ganarle a Japón, a Croacia y a República Dominicana. Hay que ser realistas.
Una pregunta algo retórica. ¿Cuándo mataron al vóley peruano?
Ahhh... después de las Olimpiadas de Seúl nos fuimos nueve jugadoras a Italia y lo que quedó detrás era muy poco. Ahí comenzó la crisis. Estamos hablando de 1990. No había semilleros. Ellos creen que las jugadoras van a durar toda la vida. No. Es un ciclo, es un proceso, termina y chau. Nos fuimos a Italia porque teníamos que comer. Qué rico es defender a tu país, pero no puedes vivir de eso. Terminas de jugar, ¿y qué haces? Aquí no nos daban ni un sol.
¿Por qué en la época de ustedes sí había dinero para mandarlas de gira?
Porque había una política de Estado y el apoyo era total. Cuando ganas te apoyan. Me he enterado después de que el 70% del presupuesto del IPD era para el vóley. Nos pagaban todo. Nos preparábamos de la mejor manera y podíamos competir. El Estado directamente apoyaba al vóley peruano y ojalá se diera eso otra vez. Y no solo el vóley. Hay 47 disciplinas que tenemos. Uno de los presupuestos más altos es el del vóley, pero no es suficiente.
El pequeño Alejandro interrumpe la entrevista. Ya olvidó la hamburguesa, pero ahora quiere que lo lleven al club a jugar fútbol. Le pedimos unos minutos más.
¿Le molesta que después de veinte años le sigan recordando aquel partido contra la Unión Soviética?
No me molesta, nos gusta (ríe). La gente nos lo recuerda hasta ahora. Y alucina que uno de los motivos por el que nos vamos a reunir hoy con las chicas es que estamos pensando hacer un partido a raíz de los veinte años de la final olímpica que es en setiembre.
Qué bueno. ¿Y jugarían contra las que conformaban la selección soviética?
Esa es la idea, pues.
Pero que venga Nikolai Karpol (el entonces entrenador de la URSS). Acá lo queremos mucho.
Seguro que lo queremos (ríe). Él está más vivo que nunca y ahora habla castellano encima (ríe). Estuvo entrenando en España, pues. Algunas de las chicas rusas de esa época han jugado también en España o en Italia y ya la comunicación es más fácil.
Oiga, ¿y se imaginó que la medalla de plata marcaría el inicio de la debacle del vóley peruano?
No, nadie se lo imaginaba. Fueron diez años maravillosos y no pensamos que al próximo todo iba a cambiar tanto.
Alejandro no aguanta más. Pide tiempo. Le dice a su madre que ya no quiere hacer gimnasia, sino jugar al fútbol. "Te mato si eres arquero", le responde ella en broma. Pero qué duda cabe. Un mate de Cenaida es para tomarlo en serio.
