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| Jue. 31 ene '08
Informe.21: Testigos clave en peligro
No son pocos los testigos clave de casos de narcotráfico que han terminado en la tumba. Solo en el caso del condenado por narcotráfico Fernando Zevallos, varios de ellos ya fueron asesinados. Lo ocurrido el 23 de enero último con José Mori Soto, presunto ex sicario de Zevallos, puso en evidencia que, en el Perú, quien quiera colaborar con la justicia entregando información valiosa tendrá que atenerse a peligrosas consecuencias, pues el Estado carece de una política efectiva de protección para testigos.
De ahí que fuera ultimado en 2005 el más importante testigo del caso Zevallos, José Aguilar Ruiz, Shushupe, que trabajó para la DEA entre 1994 y 1998 (ver tenga en cuenta).
Lo mismo ocurrió con el ex sicario de Lunarejo, Jesús Flores Matías, (a) Shuco, asesinado de tres balazos en la cabeza el 14 de agosto de 2004 en la avenida Universitaria, en San Miguel. Hoy se sospecha que quien conducía la moto que usaron los asesinos era José Mori Soto, ultimado hace unos días.
En su momento, la fiscal Luz Hortencia Loayza responsabilizó a Fernando Zevallos de otro crimen: el de Carlos Alayo Rodríguez, (a) Vinagrillo, otro colaborador de la DEA
baleado el 17 de mayo de 2004 en Chimbote por Flores Matías y, al parecer, por Idelfonso Herrera Eguizábal, (a) Negro Plástico, a quien también se achaca la muerte de Flores Matías.
LOS SOBREVIVIENTES.
César Angulo Tanchiva fue un sicario de Zevallos que asesinó al otrora rival de este en Uchiza, Leonardo Gonzales Álvarez. De ahí que pueda aportar mucha información y, por ello, denunció que Lunarejo habría ordenado varias veces su asesinato. Hoy está recluido en Piedras Gordas, en el pabellón llamado Prevención, un lugar apartado del resto de la población penitenciaria, pero que, aun así, presenta potenciales riesgos.
Otro sobreviviente es Lincoln Flores Matías, hermano del sicario Shuco, también recluido en el área de Prevención de Piedras Gordas. El día del careo entre Zevallos y Jorge Chávez Montoya, (a) Polaco, el 46 Juzgado Penal de Lima dispuso que Flores Matías declarara. Pero, según testigos de la confrontación, no lo hizo pues dijo que se sentía amenazado. De su testimonio depende que se sepa quién pudo haber ordenado el asesinato de su hermano.
Otro que también está preso en Piedras Gordas es Jorge López Paredes, otrora líder del cártel de Los Norteños, quien teme por su vida. Por lo menos así lo demostró el día del careo, cuando en una carta dirigida al juez Luis Quispe, titular del 46 Juzgado, se excusó de no declarar hasta no tener "las garantías debidas".
BENITES EN LA MIRA
. A Óscar Benites, ex informante de la DEA y testigo clave en el proceso a Zevallos, lo han querido matar varias veces. En 2002, un sicario llegó a apuñalarlo en el penal de Huaraz, y el año pasado se detectó un movimiento bancario de US$350,000 para financiar su ejecución. El día del careo, afirmó que Lunarejo querría
"asesinarnos a todos nosotros".
Su caso es importante pues lo que debe contar no se limitaría solo a Zevallos sino a otros capos de la droga. Pese a ello, las autoridades del INPE siguen actuando con desidia respecto a este testigo de la Procuraduría Antidrogas, y lo siguen sometiendo a riesgos innecesarios (ver recuadro).
Incluso su abogado, Ernesto Vera Tudela, manifestó a
Perú.21
que "hasta le inventaron un caso (el mismo en el que estaba procesado Mori Soto) para que su colaboración contra grandes capos de la droga no prosperara".
Al ser consultada por este diario, la procuradora Sonia Medina demandó "una política de protección al testigo clave; si no, ¿quién se va a animar a colaborar, cómo vamos a obtener más
logros? En otros países les cambian de identidad, les dan un trabajo y hasta reciben una pensión. De modo que elaborar una legislación solo requiere de voluntad y presupuesto", añadió. De no ser así, silenciarlos será pan comido. Como lo ha sido hasta ahora.
De ahí que fuera ultimado en 2005 el más importante testigo del caso Zevallos, José Aguilar Ruiz, Shushupe, que trabajó para la DEA entre 1994 y 1998 (ver tenga en cuenta).
Lo mismo ocurrió con el ex sicario de Lunarejo, Jesús Flores Matías, (a) Shuco, asesinado de tres balazos en la cabeza el 14 de agosto de 2004 en la avenida Universitaria, en San Miguel. Hoy se sospecha que quien conducía la moto que usaron los asesinos era José Mori Soto, ultimado hace unos días.
En su momento, la fiscal Luz Hortencia Loayza responsabilizó a Fernando Zevallos de otro crimen: el de Carlos Alayo Rodríguez, (a) Vinagrillo, otro colaborador de la DEA
baleado el 17 de mayo de 2004 en Chimbote por Flores Matías y, al parecer, por Idelfonso Herrera Eguizábal, (a) Negro Plástico, a quien también se achaca la muerte de Flores Matías.
LOS SOBREVIVIENTES.
César Angulo Tanchiva fue un sicario de Zevallos que asesinó al otrora rival de este en Uchiza, Leonardo Gonzales Álvarez. De ahí que pueda aportar mucha información y, por ello, denunció que Lunarejo habría ordenado varias veces su asesinato. Hoy está recluido en Piedras Gordas, en el pabellón llamado Prevención, un lugar apartado del resto de la población penitenciaria, pero que, aun así, presenta potenciales riesgos.
Otro sobreviviente es Lincoln Flores Matías, hermano del sicario Shuco, también recluido en el área de Prevención de Piedras Gordas. El día del careo entre Zevallos y Jorge Chávez Montoya, (a) Polaco, el 46 Juzgado Penal de Lima dispuso que Flores Matías declarara. Pero, según testigos de la confrontación, no lo hizo pues dijo que se sentía amenazado. De su testimonio depende que se sepa quién pudo haber ordenado el asesinato de su hermano.
Otro que también está preso en Piedras Gordas es Jorge López Paredes, otrora líder del cártel de Los Norteños, quien teme por su vida. Por lo menos así lo demostró el día del careo, cuando en una carta dirigida al juez Luis Quispe, titular del 46 Juzgado, se excusó de no declarar hasta no tener "las garantías debidas".
BENITES EN LA MIRA
. A Óscar Benites, ex informante de la DEA y testigo clave en el proceso a Zevallos, lo han querido matar varias veces. En 2002, un sicario llegó a apuñalarlo en el penal de Huaraz, y el año pasado se detectó un movimiento bancario de US$350,000 para financiar su ejecución. El día del careo, afirmó que Lunarejo querría
"asesinarnos a todos nosotros".
Su caso es importante pues lo que debe contar no se limitaría solo a Zevallos sino a otros capos de la droga. Pese a ello, las autoridades del INPE siguen actuando con desidia respecto a este testigo de la Procuraduría Antidrogas, y lo siguen sometiendo a riesgos innecesarios (ver recuadro).
Incluso su abogado, Ernesto Vera Tudela, manifestó a
Perú.21
que "hasta le inventaron un caso (el mismo en el que estaba procesado Mori Soto) para que su colaboración contra grandes capos de la droga no prosperara".
Al ser consultada por este diario, la procuradora Sonia Medina demandó "una política de protección al testigo clave; si no, ¿quién se va a animar a colaborar, cómo vamos a obtener más
logros? En otros países les cambian de identidad, les dan un trabajo y hasta reciben una pensión. De modo que elaborar una legislación solo requiere de voluntad y presupuesto", añadió. De no ser así, silenciarlos será pan comido. Como lo ha sido hasta ahora.
