25 de marzo de 2008
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Luis Jaime Cisneros H.*: ¿Se puede decir derechos humanos en chino?

El presidente Alan García es el único mandatario en el mundo que apoya a China en el tema del Tíbet. Una postura contraria al respeto a los DD.HH.

Tíbet vuelve a ser noticia global. Noticia con sangre. Una sangre por la cual no debemos preocuparnos. Y tampoco interrogar sobre las causas que la provocan. Solo mirar a un costado. Según el Gobierno chino y sus voceros periodísticos latinos, "nadie tiene que interferir en ese asunto enteramente chino, ni apoyar las pretensiones separatistas del Dalai Lama".

Eso escribió en Perú.21, el 22 de marzo, el respetado colega peruano Antonio Fernández Arce (AFA), al difundir y avalar la versión oficial de Pekín sobre las protestas antichinas que dejaron, al menos, 19 muertos desde el 10 de marzo en Lhasa.

Los tibetanos reclaman mayor autonomía, cosa que China rechaza en nombre de la unidad, repitiendo una letanía vigente desde 1949, cuando el gran timonel Mao puso sus sandalias sobre suelo tibetano y expulsó a las fuerzas británicas del Tíbet. 

De entonces data el actual problema, que se atizó en 1959 cuando el Dalai Lama (Tientsyn Gyatso) huyó al fracasar una rebelión contra el imbatible ejército maoísta. Y, desde ahí, el problema se volvió "un diálogo de sordos a grito pelado", pese a algunas intermitencias que nunca se concretaron.

Según AFA, el cerebro de las protestas es el Dalai Lama, quien las promueve en nombre del budismo tibetano, de cara a lograr la "independencia" de esa región. Lo niega China, que se atribuye soberanía sobre Tíbet desde la época mongol, en una polémica de nunca acabar y sobre la que se han escrito ríos de tinta.

Y eso es, según la prensa china, lo que expresó a su manera, en Pekín, nada menos que el presidente Alan García, el 20 de marzo, luego de reunirse con el primer ministro Wen Jiabao y de conversar sobre el Tratado de Libre Comercio entre los dos países. China es el segundo socio comercial de Perú, con un intercambio que llegó a los 5,292 millones de dólares en 2007, un 35% más que en 2006.

"Perú (...) está consciente de las razones que están detrás de la reciente violencia en Lhasa", le dijo García al primer ministro Wen Jiabao, quien dos días atrás había acusado al Dalai Lama de estar detrás de las protestas de Lhasa.

"El pueblo pe-ruano siempre estará al lado del pueblo chino y apoya firmemente a China en la cau-sa justa de la soberanía nacional e integridad te-rritorial", acotó
García para disipar eventuales dudas de traductores, en una declaración que sonó como música celestial.

García resulta hoy el único mandatario del mundo en reconocer la represión china, en momentos en que Estados Unidos -que mira con un ojo al presidente Hu Jintao y con el otro su política comercial con el gigante asiático-, Gran Bretaña, Alemania y el Vaticano instan a Pekín a que deje de lado la mano dura y dialogue con el Dalai Lama.

Un periodista peruano puede opinar y adherir a causas, pero que un presidente de la República avale, en nombre del comercio bilateral, el activo político chino y, por añadidura, el pasivo (Tiananmen, 1989), resulta sorprendente en una época donde los derechos humanos son la piedra en el zapato de toda política exterior.

Quiero creer que el presidente del Perú actuó desinformado. ¿No había alguien cerca del oído presidencial? Para la cancillería peruana, ¿no hubo manera de evitar un comentario que para los chinos era "políticamente correcto", pero que en el contexto proyecta, para la prensa occidental, la imagen de un país sudamericano al que los derechos humanos le importan cada vez menos? La suspensión de una conferencia de prensa de García en Pekín hace prever que el tema había adquirido su real importancia.

China ya había presionado a Perú para que no concediese visa al Dalai Lama en mayo de 2006. En esa ocasión, la embajada china en Bogotá repartió un texto de AFA muy similar al de Perú.21/2008. El gobierno de Toledo miró al techo, pero no lo recibió oficialmente.

Se dice que, como consecuencia de ello, Perú no fue incluido como destino turístico oficial chino.

La tolerancia y el respeto a las minorías son piedra fundamental del desarrollo. Y si China no es una democracia, Occidente debe de reaccionar y promover esos valores. Y potencias como Estados Unidos y Gran Bretaña usan el tema como parte del esquema de la desaparecida Guerra Fría, para presionar.

Si usted se siente parte de la aldea global, puede hacer algo por Tíbet cuando la democracia electrónica nos invade: ingrese a www.avaaz.org/es/tibet_end_the_violence y firme una petición masiva en apoyo al Dalai Lama, sumándose así al desafío de recolectar un millón de voces por el diálogo, antes que los muertos aumenten.

China no teme un boicot a las olimpiadas; teme que el gesto de un atleta extranjero se convierta en foto símbolo de los juegos, solidario con Tíbet. En las Olimpiadas de México 1968, dos atletas negros estadounidenses levantaron el puño imitando el saludo del grupo radical afroamericano Panteras Negras.

Ese gesto contracultural dio la vuelta al mundo. No podremos estar en el estadio de Pekín, pero usted está a un click de impulsar otro gesto no menos importante.

*Periodista

 
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