| Mié. 16 abr '08

Más sexo, menos estrés

La cura está en nosotros mismos. Lamentablemente, muchos decimos "ni me pongas un dedo encima, estoy estresada". Gran error. Haríamos bien en dejar atrás los problemas y entregarnos en un abrazo. El abrazo es el primer paso. No vale dejarlo para otro día. No vale echarse sobre la cama y comenzar a repetir la historia desgraciada que ahora te tiene con el estrés al tope. La cama, sobre todo si hay alguien al lado, no es el mejor lugar para descargar las iras y la desilusión. Vamos, se trata de buscar un orgasmo, la fórmula mágica para matar angustias, dolor, rabia y más.

El orgasmo incrementa los niveles de la hormona oxitocina, la cual revitaliza a la persona temporalmente. El sexo aumenta el riego sanguíneo y la oxigenación pulmonar, así como la producción de endorfinas, sustancias químicas que nos generan sensación de bienestar, disminución del dolor físico y paz.

Manejar el estrés requiere de mucho más, pero el sexo -sin duda- ayuda mucho. Te levanta el estado de ánimo, te relaja y te permite un sueño contundente. (Olvídate del Diazepán). Los efectos no durarán para siempre, ni siquiera una semana; pero, cuando todo va mal, permanecer aunque sea 30 minutos en el paraíso es una buena idea.

El doctor Stuart Brody aseguró, en la revista New Scientist, que el sexo antes de una actividad estresante ayuda a mantener la calma. En un estudio de dos semanas, con 24 mujeres y con 22 hombres, los participantes demostraron que estaban menos estresados gracias a haber disfrutado de una buena noche. Entiéndase una noche con sexo perfecta si se tuvo orgasmo (lo cual no pasa siempre) o si se eyaculó.

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Se ha comprobado científicamente que el estrés quita las ganas. Pero no solo sufre el estresado. A la otra parte posiblemente le toque una dura prueba: la inapetencia sexual se confunde -a veces- con la presencia de un tercero. "Seguro que no me toca porque tiene otra", decía una amiga. Más tarde comprobaría que su hombre padecía un cuadro grave de estrés. Sin embargo, durante el tiempo que la sospecha se mantuvo, mi amiga se sintió la mujer más despreciada del planeta. Cuando no hay sospechas de cuernos, el lugar lo ocupan las peleas. Ambos están irritables: el que quiere sexo y no recibe ni una caricia y el que se olvida completamente del tema por andar abocado en las mil cosas que le generaron tensión, angustia, insomnio. O, simplemente, estrés.

Sexo y estrés no tendrían que representar un conflicto, pues ya se sabe que el estrés se alivia con buen sexo. El problema, repito, es cómo aproximarse a la persona deseada con un millón de problemas encima.

¿Cómo?

El diálogo es esencial en la pareja. El estresado debe hablar, no quedarse callado. Debe dejarse querer, amar y seducir. Debe poner de su parte y no poner barreras que le impidan el goce. La pareja del estresado debe tener un grado elevado de paciencia, entender que esta es una etapa y que con su amor (y sus ganas) puede ayudar más que con cualquier terapia, pastillita o pócima mágica. Evadir la realidad será la peor medicina.

COSAS DE LA VIDA MODERNA.

El estrés puede matar la libido. Esto no es de golpe. No ocurrirá mañana o pasado. Su poder aniquilador se dará de manera lenta y gradual. El ritmo de vida, los problemas cotidianos y la fatiga afectan las ganas. La Fundación Sexpol de Madrid advierte que cuando se acumula tensión, y las situaciones nos superan, el bloque se presenta devastador. Nadie se salva. Ni mujeres ni hombres. Llega la apatía, la obsesión por dar vueltas sobre los problemas y la inhibición.

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-Olvídate del despertador. No pienses en la tragedia que es levantarte a las 6:00 a.m., cuando te tiendes en la cama al lado de tu pareja. No pienses en nada. Simplemente instálate a su lado, abrázate a ella. Esta noche es la que cuenta. No se te ocurra sacar la cuenta sobre cuántas horas dormirás. No, please...

-Piensa que el mundo se acabará mañana y que solo te queda esta noche para el placer. En otras palabras, concéntrate. Y concéntrate, sobre todo, en que no te desconcentrarás. Tu placer está en juego. Te toca gozar. Recuerda que vienes de días, semanas, acaso meses de angustia. Solo mira el cuerpo de tu pareja. ¿Vale la pena privarte del gusto de sentirlo solo por los problemas en el trabajo, por las presiones que ocasiona el dinero o por las prepotencias de la sociedad? No, no vale la pena.

-Quizás la noche no sea la mejor hora, considerando -ya se sabe- que el despertador es tu amenaza más inmediata para el disfrute. Escápate de la oficina o planea una cita. No se trata de una velada romántica. Algo sencillo, pero cálido. Deja de pensar que al desnudarte pierdes tiempo, que por entregarte al juego erótico estás perdiendo tiempo, que un orgasmo o los que alcances -con mucha suerte-son una pérdida de tiempo. No sabes, en verdad, lo que estás ganando. Un orgasmo es, finalmente, un poquito más de vida.

-El sexo no es una tarea. Si lo concibes así, seguro que será un motivo adicional de estrés. El sexo es cuestión de piel (y de amor).

-No finjas. Simular el orgasmo podría ser un golpe mortal para tu ya alicaída alma en pena. Entrégate y disfruta.


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