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| Dom. 18 may '08
Farid Kahhat: "Hay una doble moral en el país"
Si bien destaca el pragmatismo de la Declaración de Lima, lamenta que sectores conservadores exhiban hoy un doble rasero al hablar del autoritarismo de Hugo Chávez y proclamen ser liberales cuando solo desean que el mercado sea libre.
La semana pasada estuvo usted en España. ¿Cuál cree que sea la visión europea sobre América Latina?
Lo primero que habría que decir es que esta Cumbre ALC-UE no tiene el mismo grado de importancia para los dos continentes. Para la Unión Europea, América Latina y el Caribe representan solo un 7% de su comercio exterior y no son tampoco una prioridad política. Para la UE es más importante la integración de los países de Europea del Este, que se han incorporado desde 2004.
Estamos, pues, en un segundo plano.
Sí, aunque la percepción es positiva, en el sentido de que se presume que América Latina comparte ciertos valores fundamentales con la Unión Europea: democracia representativa, economía de mercado con un énfasis creciente en lo social, ya que América Latina sigue siendo la región más de-sigual del planeta.
Uno de los temas de la Cumbre fue la lucha contra la pobreza. ¿Qué le ha parecido la Declaración de Lima?
Contra lo que se suele creer, de que estas son declaraciones líricas sin consecuencia, la Declaración de Lima probablemente haya sido la más práctica de las que han habido en estas cumbres.
¿Por qué?
Porque si bien la comunidad internacional ya tenía objetivos en materia de reducción de la pobreza fijados, por ejemplo, en la Cumbre del Milenio, aquí se han añadido nuevas metas y se ha dado un nuevo plazo para ellas. Además, se ha recogido una solicitud del presidente García de canjear parte de la deuda pública externa que los países de América Latina tienen con Europa para dedicarla a la inversión social.
Esa propuesta ha sido criticada por algunos analistas porque les recuerda al Alan García de los ochenta y sostienen que América Latina debe aprender ya a pagar sus deudas.
Acá hay que ser pragmáticos. Quienes critican la posición de García, critican a su vez a gobiernos llamados populistas por anteponer la ideología a las necesidades prácticas. Y esa gente, sin embargo, es incapaz de darse cuenta de que los países acreedores, cuando negocian con los estados deudores, lo hacen como bloque. El Club de París es un club de estados acreedores. Sin embargo, para ellos es un anatema pensar en un club de estados deudores. En ese sentido, yo no creo que esta gente realmente sea pragmática, como dice ser.
¿La Declaración de Lima favorece la posición del Perú y Colombia respecto a la forma de negociar un acuerdo entre la Comunidad Andina y la UE?
Perú y Colombia no sostuvieron siempre la misma posición. De hecho, lo que hoy se ha aprobado en la Declaración de Lima es básicamente lo que ya había aprobado la CAN: que la negociación en bloque tome en cuenta las asimetrías entre los países andinos. Eso fue respaldo por Colombia. Sin embargo, el Perú se puso a la derecha de Álvaro Uribe. La posición que planteó en su momento el presidente García fue que el Perú negociase de manera aislada solo un TLC con la UE. Lo que hoy recoge la Declaración de Lima no es lo que propuso Alan García.
¿Tiene futuro una negociación entre la CAN y la UE, aunque esta sea a distintas velocidades?
El grado de flexibilidad tendrá que ser bastante alto, sobre todo en el plano comercial. La UE no quiere aislar a Ecuador y a Bolivia porque, a diferencia de sectores conservadores en el Perú y otras partes, no piensan que Evo Morales y Rafael Correa estén condenados a ser peones dentro de una estrategia trazada por Hugo Chávez.
¿Qué piensa la Unión Europea de Evo Morales y Rafael Correa?
Que son gobiernos autónomos, cuya elección responde a las condiciones propias de sus países, y que son aliados pero no siervos de Hugo Chávez, ya que pueden tener margen de decisión propia. Por ejemplo, Chávez planteó la retirada de la CAN, pero Ecuador y Bolivia no lo hicieron. Antepusieron ahí el pragmatismo a la ideología. Cuando Venezuela solicita que las FARC sean reconocidas como fuerzas beligerantes, ni Ecuador ni Bolivia lo hacen.
¿Qué ocurre, entonces, en el Perú? ¿Pululan los conservadores?
Bueno, las posiciones que ha asumido el gobierno peruano son más cercanas a las del gobierno conservador de Álvaro Uribe que a las de gobiernos socialdemócratas como Lula da Silva o Michelle Bachelet, que -en este tema- son más próximos a las posiciones de la Unión Europea.
Además de Colombia, ¿quiénes son hoy los aliados del Perú en la región?
Las relaciones bilaterales pueden trascender las diferencias ideológicas. Perú tiene buenas relaciones, por ejemplo, con Ecuador, lo cual es correcto. La relación entre Perú y Chile es relativamente buena, pese al diferendo limítrofe. La relación con Brasil es buena, pese a que ambos países no han cumplido a cabalidad los términos fundamentales del acuerdo de alianza estratégica.
¿Por qué es idílica una verdadera integración en Sudamérica?
Parte de los problemas de la integración viene dada por el hecho de que Estados Unidos está concentrado en su crisis interna y en el Medio Oriente; y de que Brasil aún no sabe si desea liderar una integración sudamericana y no tiene o no quiere dedicar recursos para ayudar a sus vecinos. Si no tiene recursos para la ayuda, por lo menos podría abrir sus mercados a las importaciones de los países sudamericanos, lo que no siempre ha hecho. Cuando se critica a Hugo Chávez, lo que habría que tener en cuenta es que Chávez es el único que está dispuesto a invertir recursos para lograr sus propósitos, que no son la dominación de Sudamérica, aunque sí quería tener aliados en la región andina.
Dígame, ¿la integración andina es hoy una falacia?
En el plano económico no se puede avanzar más de lo avanzado, que es poco. Se mantiene como un foro de diálogo político y debería mantenerse porque las circunstancias podrían cambiar. Si no podemos integrarnos en el área andina -donde tenemos mayores afinidades- difícilmente nos integraremos a nivel de Sudamérica.
¿Usted cree que la influencia de Hugo Chávez en la región ha mermado?
Nunca fue tan grande como se creyó. Ahí están los países caribeños, que reciben petróleo subsidiado y que votan en contra del candidato venezolano y a favor del estadounidense en el BID y en la OEA. Así como reciben ayuda norteamericana, el recibir ayuda de Venezuela no los convierte en lacayos. Cuando se habla de la ayuda de Chávez, comprando voluntades y conciencias, curiosamente no se ve la ayuda norteamericana de esa misma manera.
¿Se le ha demonizado a Chávez?
Yo creo que muchas de las críticas a Chávez son válidas. El problema es que son críticas que se podrían hacer también a otros mandatarios latinoamericanos. Por ejemplo, se dice que Chávez busca eternizarse en el poder, pero no se dice que los partidarios de Álvaro Uribe ya están recolectando firmas para permitir su reelección por segunda vez. También está el hecho de que unos treinta congresistas de la alianza de Uribe -incluso su propio primo- están presos por su asociación con los paramilitares. Además, ha sido acusado por ex parlamentarios de haberlos sobornado para votar a favor de la reforma que permitió su primera reelección. Y, sin embargo, Uribe es recibido en la Universidad San Ignacio de Loyola (USIL) como si fuera un prohombre de la democracia en América Latina.
Me ha leído usted la mente. Yo le iba preguntar qué le había parecido ese honoris causa a Álvaro Uribe.
Se mide con dos varas, ¿no? Y eso es parte del problema. La crisis entre Ecuador y Colombia no fue vista en función de la naturaleza de los hechos, sino de los alineamientos previos que tenía cada gobierno de la región. Si uno era aliado de EE.UU., pues apoyaba a Uribe.
Se mide con dos varas
.
Se mide con dos varas desde ambos lados. Muchos de los que fungen de liberales son, en realidad, conservadores encubiertos que lo único que quieren libre es el mercado. Por ejemplo, ¿cuántos de esos liberales en el Perú, que se quejan por el hecho de que el gobierno venezolano le quite la señal a RCTV -que fue un abuso autoritario- protestaron cuando el gobierno de Fujimori hizo algo peor aun en el caso de Canal 2? Les preocupa la libertad de expresión en Venezuela, pero no les preocupó la libertad de expresión en su propio país. Eso demuestra que hay una doble moral.
¿Y el presidente Alan García es un conservador o un liberal?
Hay tendencias dentro del conservadurismo contemporáneo que han hecho las paces con el libre mercado. Entonces, estar a favor de la liberalización económica ya no es una prueba de ser liberal en materia política, como el caso de China. Hay partidos políticos conservadores que liberalizan la economía, pero, por ejemplo, son partidarios de la pena de muerte y tienden a ver toda oposición como producto de la acción subversiva de grupos antisistema, como está haciendo el gobierno peruano en este momento. Alan García está más cerca del conservadurismo que del liberalismo y de la socialdemocracia.
Aunque García se definió en la Cumbre como un "hombre de izquierda".
García dio una definición tan vaga que francamente bajo esa definición cualquiera podría calificarse a sí mismo de hombre de izquierda. Si ser de izquierda es querer servir a los más necesitados, bueno, la Madre Teresa no era de izquierda, pero hacía precisamente eso.
Le incomoda mucho la doble moral en el país, ¿no es así?
Sí, la doble moral de sectores que nunca estuvieron dispuestos a movilizarse contra el autoritarismo de Fujimori, pero que hoy se rasgan las vestiduras por el autoritarismo de Chávez. Hay quienes apoyan ampliar las causales de pena de muerte en el Perú, quienes satanizan toda forma de protesta social y, sin embargo, protestan por el autoritarismo de Chávez en Venezuela.
¿Y podría nombrarnos a alguien que encaje en esta crítica que hace usted?
Rafael Rey, un ministro que acusó de malversación de fondos al actual presidente y que ahora es miembro de su gabinete y que fue parte del Movimiento Libertad de Vargas Llosa, que era presuntamente un movimiento liberal. En el caso de él yo no diría, incluso, que es una doble moral, sino que es simplemente constatar que un miembro del Opus Dei no es un liberal. El Opus Dei es un movimiento crítico del liberalismo, pero es el ejemplo de alguien que ha hecho las paces con el mercado, sin ser un liberal necesariamente en materia política.
La semana pasada estuvo usted en España. ¿Cuál cree que sea la visión europea sobre América Latina?
Lo primero que habría que decir es que esta Cumbre ALC-UE no tiene el mismo grado de importancia para los dos continentes. Para la Unión Europea, América Latina y el Caribe representan solo un 7% de su comercio exterior y no son tampoco una prioridad política. Para la UE es más importante la integración de los países de Europea del Este, que se han incorporado desde 2004.
Estamos, pues, en un segundo plano.
Sí, aunque la percepción es positiva, en el sentido de que se presume que América Latina comparte ciertos valores fundamentales con la Unión Europea: democracia representativa, economía de mercado con un énfasis creciente en lo social, ya que América Latina sigue siendo la región más de-sigual del planeta.
Uno de los temas de la Cumbre fue la lucha contra la pobreza. ¿Qué le ha parecido la Declaración de Lima?
Contra lo que se suele creer, de que estas son declaraciones líricas sin consecuencia, la Declaración de Lima probablemente haya sido la más práctica de las que han habido en estas cumbres.
¿Por qué?
Porque si bien la comunidad internacional ya tenía objetivos en materia de reducción de la pobreza fijados, por ejemplo, en la Cumbre del Milenio, aquí se han añadido nuevas metas y se ha dado un nuevo plazo para ellas. Además, se ha recogido una solicitud del presidente García de canjear parte de la deuda pública externa que los países de América Latina tienen con Europa para dedicarla a la inversión social.
Esa propuesta ha sido criticada por algunos analistas porque les recuerda al Alan García de los ochenta y sostienen que América Latina debe aprender ya a pagar sus deudas.
Acá hay que ser pragmáticos. Quienes critican la posición de García, critican a su vez a gobiernos llamados populistas por anteponer la ideología a las necesidades prácticas. Y esa gente, sin embargo, es incapaz de darse cuenta de que los países acreedores, cuando negocian con los estados deudores, lo hacen como bloque. El Club de París es un club de estados acreedores. Sin embargo, para ellos es un anatema pensar en un club de estados deudores. En ese sentido, yo no creo que esta gente realmente sea pragmática, como dice ser.
¿La Declaración de Lima favorece la posición del Perú y Colombia respecto a la forma de negociar un acuerdo entre la Comunidad Andina y la UE?
Perú y Colombia no sostuvieron siempre la misma posición. De hecho, lo que hoy se ha aprobado en la Declaración de Lima es básicamente lo que ya había aprobado la CAN: que la negociación en bloque tome en cuenta las asimetrías entre los países andinos. Eso fue respaldo por Colombia. Sin embargo, el Perú se puso a la derecha de Álvaro Uribe. La posición que planteó en su momento el presidente García fue que el Perú negociase de manera aislada solo un TLC con la UE. Lo que hoy recoge la Declaración de Lima no es lo que propuso Alan García.
¿Tiene futuro una negociación entre la CAN y la UE, aunque esta sea a distintas velocidades?
El grado de flexibilidad tendrá que ser bastante alto, sobre todo en el plano comercial. La UE no quiere aislar a Ecuador y a Bolivia porque, a diferencia de sectores conservadores en el Perú y otras partes, no piensan que Evo Morales y Rafael Correa estén condenados a ser peones dentro de una estrategia trazada por Hugo Chávez.
¿Qué piensa la Unión Europea de Evo Morales y Rafael Correa?
Que son gobiernos autónomos, cuya elección responde a las condiciones propias de sus países, y que son aliados pero no siervos de Hugo Chávez, ya que pueden tener margen de decisión propia. Por ejemplo, Chávez planteó la retirada de la CAN, pero Ecuador y Bolivia no lo hicieron. Antepusieron ahí el pragmatismo a la ideología. Cuando Venezuela solicita que las FARC sean reconocidas como fuerzas beligerantes, ni Ecuador ni Bolivia lo hacen.
¿Qué ocurre, entonces, en el Perú? ¿Pululan los conservadores?
Bueno, las posiciones que ha asumido el gobierno peruano son más cercanas a las del gobierno conservador de Álvaro Uribe que a las de gobiernos socialdemócratas como Lula da Silva o Michelle Bachelet, que -en este tema- son más próximos a las posiciones de la Unión Europea.
Además de Colombia, ¿quiénes son hoy los aliados del Perú en la región?
Las relaciones bilaterales pueden trascender las diferencias ideológicas. Perú tiene buenas relaciones, por ejemplo, con Ecuador, lo cual es correcto. La relación entre Perú y Chile es relativamente buena, pese al diferendo limítrofe. La relación con Brasil es buena, pese a que ambos países no han cumplido a cabalidad los términos fundamentales del acuerdo de alianza estratégica.
¿Por qué es idílica una verdadera integración en Sudamérica?
Parte de los problemas de la integración viene dada por el hecho de que Estados Unidos está concentrado en su crisis interna y en el Medio Oriente; y de que Brasil aún no sabe si desea liderar una integración sudamericana y no tiene o no quiere dedicar recursos para ayudar a sus vecinos. Si no tiene recursos para la ayuda, por lo menos podría abrir sus mercados a las importaciones de los países sudamericanos, lo que no siempre ha hecho. Cuando se critica a Hugo Chávez, lo que habría que tener en cuenta es que Chávez es el único que está dispuesto a invertir recursos para lograr sus propósitos, que no son la dominación de Sudamérica, aunque sí quería tener aliados en la región andina.
Dígame, ¿la integración andina es hoy una falacia?
En el plano económico no se puede avanzar más de lo avanzado, que es poco. Se mantiene como un foro de diálogo político y debería mantenerse porque las circunstancias podrían cambiar. Si no podemos integrarnos en el área andina -donde tenemos mayores afinidades- difícilmente nos integraremos a nivel de Sudamérica.
¿Usted cree que la influencia de Hugo Chávez en la región ha mermado?
Nunca fue tan grande como se creyó. Ahí están los países caribeños, que reciben petróleo subsidiado y que votan en contra del candidato venezolano y a favor del estadounidense en el BID y en la OEA. Así como reciben ayuda norteamericana, el recibir ayuda de Venezuela no los convierte en lacayos. Cuando se habla de la ayuda de Chávez, comprando voluntades y conciencias, curiosamente no se ve la ayuda norteamericana de esa misma manera.
¿Se le ha demonizado a Chávez?
Yo creo que muchas de las críticas a Chávez son válidas. El problema es que son críticas que se podrían hacer también a otros mandatarios latinoamericanos. Por ejemplo, se dice que Chávez busca eternizarse en el poder, pero no se dice que los partidarios de Álvaro Uribe ya están recolectando firmas para permitir su reelección por segunda vez. También está el hecho de que unos treinta congresistas de la alianza de Uribe -incluso su propio primo- están presos por su asociación con los paramilitares. Además, ha sido acusado por ex parlamentarios de haberlos sobornado para votar a favor de la reforma que permitió su primera reelección. Y, sin embargo, Uribe es recibido en la Universidad San Ignacio de Loyola (USIL) como si fuera un prohombre de la democracia en América Latina.
Me ha leído usted la mente. Yo le iba preguntar qué le había parecido ese honoris causa a Álvaro Uribe.
Se mide con dos varas, ¿no? Y eso es parte del problema. La crisis entre Ecuador y Colombia no fue vista en función de la naturaleza de los hechos, sino de los alineamientos previos que tenía cada gobierno de la región. Si uno era aliado de EE.UU., pues apoyaba a Uribe.
Se mide con dos varas
.
Se mide con dos varas desde ambos lados. Muchos de los que fungen de liberales son, en realidad, conservadores encubiertos que lo único que quieren libre es el mercado. Por ejemplo, ¿cuántos de esos liberales en el Perú, que se quejan por el hecho de que el gobierno venezolano le quite la señal a RCTV -que fue un abuso autoritario- protestaron cuando el gobierno de Fujimori hizo algo peor aun en el caso de Canal 2? Les preocupa la libertad de expresión en Venezuela, pero no les preocupó la libertad de expresión en su propio país. Eso demuestra que hay una doble moral.
¿Y el presidente Alan García es un conservador o un liberal?
Hay tendencias dentro del conservadurismo contemporáneo que han hecho las paces con el libre mercado. Entonces, estar a favor de la liberalización económica ya no es una prueba de ser liberal en materia política, como el caso de China. Hay partidos políticos conservadores que liberalizan la economía, pero, por ejemplo, son partidarios de la pena de muerte y tienden a ver toda oposición como producto de la acción subversiva de grupos antisistema, como está haciendo el gobierno peruano en este momento. Alan García está más cerca del conservadurismo que del liberalismo y de la socialdemocracia.
Aunque García se definió en la Cumbre como un "hombre de izquierda".
García dio una definición tan vaga que francamente bajo esa definición cualquiera podría calificarse a sí mismo de hombre de izquierda. Si ser de izquierda es querer servir a los más necesitados, bueno, la Madre Teresa no era de izquierda, pero hacía precisamente eso.
Le incomoda mucho la doble moral en el país, ¿no es así?
Sí, la doble moral de sectores que nunca estuvieron dispuestos a movilizarse contra el autoritarismo de Fujimori, pero que hoy se rasgan las vestiduras por el autoritarismo de Chávez. Hay quienes apoyan ampliar las causales de pena de muerte en el Perú, quienes satanizan toda forma de protesta social y, sin embargo, protestan por el autoritarismo de Chávez en Venezuela.
¿Y podría nombrarnos a alguien que encaje en esta crítica que hace usted?
Rafael Rey, un ministro que acusó de malversación de fondos al actual presidente y que ahora es miembro de su gabinete y que fue parte del Movimiento Libertad de Vargas Llosa, que era presuntamente un movimiento liberal. En el caso de él yo no diría, incluso, que es una doble moral, sino que es simplemente constatar que un miembro del Opus Dei no es un liberal. El Opus Dei es un movimiento crítico del liberalismo, pero es el ejemplo de alguien que ha hecho las paces con el mercado, sin ser un liberal necesariamente en materia política.
